Porteo a pie
Algunos porteadores que no han conseguido pasar por el Tarajal II lo intentan a través de la frontera común. Grupos de mujeres y hombres regresan a Marruecos, bajando por una rampa junto al paso fronterizo.  JORGE PARÍS

Un grupo de unas 350 mujeres marroquíes cruzaron este martes por la tarde la frontera entre Ceuta y Marruecos a la carrera y con bultos de mercancías sin que las fuerzas del orden pudieran detenerlas.

Los porteadores cuentan con el Tarajal II como paso exclusivo para ellos. Por él entran cada mañana a primera hora en la ciudad autónoma y salen antes de la una del mediodía de vuelta a su país con la mercancía a cuestas. Pero las limitaciones impuestas el año pasado por las administraciones, con un cupo máximo de 4.000 personas diarias y un reparto semanal por sexos (ellas portean lunes y miércoles y ellos, martes y jueves), ha desviado actividad a la frontera común.

La división por géneros tiene la contrapartida de haber reducido a la mitad la posibilidad de ingresos por lo que tanto porteadores como porteadoras intentan cruzar como otro ciudadano más cuando no pueden hacerlo por el Tarajal II. En ese caso el riesgo de que la carga les sea requisada aumenta ya que la normativa sobre régimen de viajeros establece que la frontera común solo se puede atravesar con una o dos bolsas, no con grandes paquetes.

En los últimos días las autoridades marroquíes han intensificado los controles y los decomisos, lo que ha generado protestas en el país vecino. El pasado jueves la Delegación del Gobierno llegó a cerrar el paso para el porteo.

Ante el drama que viven, las porteadoras, que representan el 75% del colectivo, están perdiendo el miedo a hablar y reclaman a su Gobierno que les dé una solución. "Si hubiera trabajo en Marruecos no vendríamos", coincidían en señalar algunas de ellas a 20minutos hace unos meses. "Esto me mata, pero no tengo quien trabaje por mis cuatro hijos", contaba en concreto una de ellas sin poder contener las lágrimas.

Estas mujeres, que se juegan la vida a veces por no más de diez euros, son el eslabón más débil de la grave situación por la que atraviesa Ceuta, una ciudad que se ahoga estrangulada por el colapso de la frontera.

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