Federico García Lorca
Federico García Lorca EUROPA PRESS/ARCHIVO

¿Dónde está? De Federico García Lorca es difícil decir algo que realmente no sobre. Ya se ha dicho o escrito prácticamente todo. A excepción, claro, de qué incierta tierra cubre su esquelatura, de si su cadáver podrido conserva todavía algo poético. Pudiera ser que en su mala tumba desconocida haya aún una pluma. Quizá la luna salga cada noche porque lo busca.

Si lo hace hoy será para felicitarlo, en todo caso. Se cumplen 120 años de su nacimiento, un 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros. Pero nos lo arrebataron antes de tener de él una fotografía de su vejez, que sólo puede ser sospechada como fantasean los amantes con el futuro. Le fusilaron 38 años después, 18 de agosto. Su úlitma metáfora fue así o es esa: el misterio de si el fascismo español le ejecutó de cara o de espaldas. Ya había alegado, para una eternidad que sigue persiguiéndolo, que "a la muerte hay que mirarla cara a cara" (La casa de Bernarda Alba).

Leonard Cohen, lorquiano de los que entendieron que "cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque" (Bodas de sangre), lo hizo tautología: "No entiendo cómo España no ha excavado con sus manos todo el campo de Granada para recuperar el cuerpo de su poeta. No entiendo una nación que no le haya dado un castigo histórico a sus asesinos".

Pocos bardos han sido capaces de crear tan pronto su propia constelación de absolutos, una zoología de imágenes a la vez universal y vernácula. Ian Gibson, otro que sabía "el uso más secreto/ que tiene un viejo alfiler oxidado" (Poeta en Nueva York), lo explicaba en la Feria del Libro con motivo de la reedición de uno de sus libros más exitosos, El asesinato de Lorca: "Lorca puede ser el símbolo de reconciliación en España".

"España sigue con el gran problema de las cunetas y si no se resuelve, este no va a ser el gran país que tiene la obligación que ser", nos impele el hispanista británico. Habló más y habló claro: "Sin pertenecer a ningún partido, su obra es revolucionaria. Y es así porque quiere cambiar el mundo en un sentido cristiano y esto no puede ser ofensivo para la derecha".

De año en año Lorca

Como las grandes personas de la historia o los mejores marcapáginas, hay un antes y un después de Lorca. Los jóvenes poetas de hoy en día le referencian como se ha venerado siempre a los que tienen cierta virtud inmortal. Ya en su día se lloraba en el exilio (Margarita Xirgu lo supo bien) o dentro de las paredes de las paredes de España el fin de su alegría. Una alegría andaluza permanentemente al galope. Cabe ahora aquella anécdota en la que al no reconocerles a Neruda y a él dijo que eran "de la poesía secreta".

Pero año a año (y 2018 es el Año Lorca), su figura se levanta una vez cada pocos meses, gritando todas los versos que luego se comparten en las redes sociales. Suele ganar a los puntos su "en la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida", aunque este año quizá florezca más alto aquello: "Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos".

Hoy son 120 años de su nacimiento. Mañana, 120 años y un día sin saber dónde (no) descansa. Su inspiración en toda faceta artística tiene ese ululo, como si él mismo, la noche antes, nos susurrara algo muy tierno al sur de la esperanza de encontrarle. Y el poeta mantiene su pulso en la sangre, de Silvia Pérez Cruz al cine documental que pronto veremos. Y así, nosotros felicitamos a Lorca mientras él se avergüenza de no hayamos todavía abierto Granada para que pueda soñar sintiendo el viento verde, verde que él querría.