Bomberos de Vallecas
Juan Carlos del Castillo y Julio Cubillo, en el parque de bomberos de Vallecas. JORGE PARÍS

Cuando de pequeños nos hacemos la imagen de un bombero siempre lo relacionamos con el fuego. Pero no, los bomberos no solo se ocupan de los incendios. Situaciones graves, leves, más sencillas o más complicadas ocupan la rutina de unos trabajadores que dedican días enteros a un trabajo lleno de mitos pero que se conoce poco desde dentro.

Madrid cuenta con doce parques de bomberos y el número 8, ubicado en Vallecas, se convirtió en 2017 en el segundo que más intervenciones realizó, solo por detrás del de Ventas. "En torno a 4.200 en todo el año, unas doce diarias", explica a '20minutos' el suboficial Juan Carlos del Castillo.

En el trabajo de los bomberos ha habido un claro cambio de tendencia: según datos del Ayuntamiento, en 2017 acudieron a un 10,5% menos de incendios con respecto a 2007. "Nuestro trabajo no se reduce a los fuegos", dicen. En sentido contrario, se ha producido un aumento de los daños por agua (inundaciones, fugas...), que en una década han aumentado en un 13,5%. Eso sí, la subida más drástica se da en aquellas atenciones a las caídas de árboles o semáforos: el año pasado atendieron un 20,4% más de casos de este tipo respecto a 2007. Además, los trabajadores añaden que notan un mayor índice de "intentos de suicidio".

La estructura es clara: cuatro parques son cabecera, entre ellos el vallecano, y de ellos "descuelgan" el resto. "El esquema es claro y las categorias se dividen entre suboficial, sargento, jefe de grupo, bombero y conductor", desgrana el propio Del Castillo.

Los turnos son de 24 horas y los trabajadores del parque, un total de entre 20 y 25, aseguran que se organizan bien. Eso sí, el jefe de grupo, Julio Cubillo, reconoce que en la actualidad el mayor problema es "el número de conductores".

A pesar de los recortes (este año se ha presupuestado por parte del Ayuntamiento un 7% menos), Cubillo tiene claro que las autoridades, en materia de seguridad, "no se la quieren jugar". En este sentido, desde hace cinco años se han ido sustituyendo los camiones, que ahora son de renting, y de boca de los bomberos, "no hay mucha queja". Cuentan con un total de doce vehículos y en la mejora del parque se van a incluir en los próximos meses una escuela y un museo. "Vamos a tener más visibilidad", reconocen.

Del Castillo y Cubillo son conscientes de que todas las coberturas son "complejas por uno u otro motivo" pero destacan que "donde peor se pasa" es en aquellas llamadas en las que hay "víctimas". Ambos asumen que es parte del trabajo pero "no podemos renunciar a tener sentimientos".

En el caso del parque 8 la cercanía hace que la Cañada Real sea una constante en los trabajos de los bomberos. El suboficial no titubea: "Es como nuestro hogar". Las labores en el poblado tienen una particularidad, y es que los incendios que se dan son más peligrosos. "Hay que tener en cuenta que la infraestructura de las viviendas es la que es y arden con una facilidad pasmosa", sentencian.

Cambios de tendencia

La labor diaria de los bomberos ha sufrido cambios de tendencia que ejemplifica perfectamente el propio Juan Carlos del Castillo. Lleva 33 años en el parque vallecano y dibuja un panorama actual muy diferente al de hace una década. "Ahora se ha ido mejorando la prevención. Por ejemplo, atendemos menos incendios porque se han ido eliminando las cocinas de carbón y menos accidentes de tráfico porque se aumentaron los controles de alcoholemia", revela.

Esa posición la confirma Cubillo. "Quitas incidencias a medida que se mejora la infraestructura", explica. Los fines de semana eran antes los días de mayor ajetreo, pero ahora los bomberos se mueven más por horas. "A día de hoy nos aventuramos más al tipo de problema en función de la hora y no tanto del día", dice, y va más allá: "Cuando llega un aviso de incendio a las nueve de la mañana la dificultad va a ser menor, porque la gente no está en casa. En cambio si es por la noche...nos salta la alarma".Es

Engranaje perfecto

Para conseguir ser eficientes, los bomberos del parque 8 han instaurado un sistema de trabajo que se ha 'copiado' en el resto. Se dividen a través de una pizarra en la que los suboficiales pueden comprobar qué trabajadores están disponibles y quienes no.

"Además, los equipos no son fijos y si tenemos en cuenta los turnos la rotación es tal que nunca trabajas dos días seguidos con la misma persona", dice Del Castillo, que ideó el sistema. "De esa manera no puedes apelar a que te llevas mejor con unos que con otros: cuando te pones el uniforme de bombero, los enfrentamientos no existen".

Pero el engranaje no se queda ahí: también son los propios trabajadores los que equipan los camiones a su manera. "Todos sabemos dónde está cada cosa; es una manera de agilizar el trabajo", comenta Julio Cubillo. Revisan que no falte nada y que todos los elementos estén en perfecto estado, aunque reconocen que ahora los vehículos "son mejores".

"Aquí llegamos a tener el camión de bomberos con más kilómetros del mundo: tenía 120.000", cuentan ambos entre risas. Eso sí, lo normal es que el deterioro de los camiones llegue "por el trato que se le da" y no por "la distancia que recorre".

Recuerdos duros: las huellas del 11-M

El trabajo de un bombero es especial, dicen los que han convivido con él. Horas de gimnasio, de preparación, de atención y de acción. Y muchos recuerdos. Julio Cubillo acaba de empezar cuando un 11 de marzo de 2004 llegó un aviso: algo había ocurrido en Santa Eugenia. Sí, era una de las explosiones del peor atentado terrorista de España.

Julio lo menciona, pero no distingue entre intervenciones. "No hace falta que sean tan graves para que te marquen", considera. Pero es cierto que para ser bombero hay que estar hecho de otra pasta. Y no todo son fuegos.

Consulta aquí más noticias de Madrid.