Marine Le Pen
Marine Le Pen, saluda a los asistentes a un mitin electoral en Niza (Francia). Sebastien Nogier / EFE

Con las elecciones europeas de 2019 en el horizonte, la estrategia de Marine Le Pen empieza tomar forma: el 80% de los militantes de su partido ha aprobado dejar atrás el nombre del Frente Nacional, como se había propuesto, y que la formación pase a llamarse Agrupación Nacional.

Este lavado de cara del partido tiene dos motivos de peso. El primero es iniciar un proceso para romper con el pasado del FN, fundado en 1972 y visto por la mayor parte de la sociedad como una estructura de ideas ultraderechistas. El segundo, borrar los rastros de un caso de corrupción que salpicó a la propia líder. Le Pen, de hecho, tuvo que declarar por un presunto desvío de fondos públicos del Parlamento Europeo para pagar a empleados del partido.

El partido ha ido subiendo como la espuma en los últimos años. Tanto es así que Le Pen compitió en segunda vuelta por ser presidenta de Francia, aunque acabó derrotada por Emmanuel Macron. En la Asamblea Nacional cuenta con solo ocho diputados, pero su fuerza es mayor en la UE, y es que en el Parlamento Europeo ha conseguido sentar a 23 nombres.

La líder del partido, que también presentó la nueva imagen, aseguró que el objetivo más inmediato son las elecciones europeas de 2019, para las cuales hizo un llamamiento a la unidad a todas las fuerzas "que comparten el mismo combate". En particular, se dirigió al soberanista Nicolas Dupont Aignant, con quien ya hizo una coalición en las pasadas presidenciales.

Eso sí, el ya obsoleto FN se enfrenta también a la animadversión que despierta en gran parte de los franceses: un 63% de la ciudadanía cree que su llegada al poder supondría un peligro para la democracia, según una encuesta publicada hace poco más de dos meses.