Rivera
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en el debate de la moción de censura. Zipi / EFE

La moción de censura del PSOE con la que Pedro Sánchez ha sido aupado a la Moncloa deja una clara víctima: Ciudadanos. Los socialistas al fin han logrado su objetivo de desbancar al Gobierno de Mariano Rajoy. Los populares se van pero cuentan con un muy posible regreso en las próximas generales, confiando en la fidelidad de sus votantes. Pero Rivera se queda en medio, enfrentado con tirios y troyanos, y con todos esperando el desinfle del partido naranja.

Desde su irrupción en el panorama político, Ciudadanos contaba con asumir la función de partido bisagra que durante varias legislaturas había recaído en los nacionalistas. Con los 40 diputados obtenidos tras las elecciones del 20D, Rivera firmó un acuerdo de medidas con Sánchez para buscar la investidura del socialista: un pacto que acabó en agua de borrajas tras el rechazo de las izquierdas encabezadas por Podemos.

Desde entonces, los dos líderes se han ido alejando paulatinamente hasta llegar a la evidente desconexión entre ambos mostrada en el debate de la moción de este jueves. Sánchez subió a la tribuna para echarle en cara que quisiera "vivir bien a costa de la confrontación territorial" y de querer crecer en las encuestas por la "incapacidad" del PP. Incluso algunas veces adoptó un tono de sorna con respecto del líder naranja, como cuando le dijo que "no se había enterado" de si iba a votar sí o no a la moción.

Sánchez afirmó que el verdadero deseo de Rivera, que votó en contra de la moción, era mantener el mandato de Rajoy para seguir creciendo a costa del detrimiento de los populares.

"Larga vida a Rajoy para seguir arañando expectativas electorales", le reprochó Sánchez, que también le acusó de mentir, de "no tener palabra", de recitar sus discursos "frente al espejo" y de "soplar y sorber al mismo tiempo".

Lejos del PP

Ahora Sánchez, respaldado por Podemos  y los nacionalistas, ya no necesita el apoyo de Ciudadanos en la cámara, con lo que la capacidad de influencia de Rivera se verá gravemente mermada mientras dure la legislatura. Pero tampoco le irá mejor con su compañero de oposición el PP. Siempre visto con desconfianza como la formación que quería ocupar su espacio político, los populares dan por terminada su anterior alianza.

En el verano de 2016 ambas formaciones alcanzaron un acuerdo de investidura que hizo presidente a Rajoy, tras más de 300 días de Gobierno en funciones. Pero desde entonces también ha corrido mucha agua, y las tensiones se acentuaron durante la crisis catalana. Rivera incluso dijo que "rompía" con los populares.

Tras la publicación de la sentencia del caso Gürtel, Ciudadanos siguió afeando al PP por sus casos de corrupción y pidió que el jefe del Ejecutivo "asumiera responsabilidades". Tras presentarse la moción de Sánchez, el partido naranja abogó por una "moción instrumental" que sirviera para convocar inmediatamente elecciones, algo que ninguna otra formación apoyó.

Durante el debate en la cámara baja, el portavoz del PP, Rafael Hernando, llegó a acusar a Rivera de "deslealtad" y de ser "colaborador necesario" de la moción por sus "acusaciones falsas" contra el Ejecutivo.

Hernando también reprochó a Rivera que haya "contribuido" a "desestabilizar" el Ejecutivo pidiendo elecciones anticipadas con la "colaboración mediática habitual" y ha señalado que ha sido su "deslealtad" con el Gobierno y el PP, con los que tenía un pacto de investidura, la que ha "allanado el camino" a Pedro Sánchez.

Así, Rivera, que siempre ha enarbolado como bandera el fin del bipartidismo, se queda marginado por los dos grandes partidos. Ciudadanos trabaja ahora con la mira puesta en los próximos comicios para evitar el "desinfle" que les pronostican tanto populares como socialistas.