Ignacio Martínez de Pisón
El escritor Ignacio Martínez de Pisón ELENA BLANCO

"En estos 80 años nadie se había molestado en investigar a Filek", cuenta Pisón, que estuvo tres años recabando información sobre el hombre que estafó a Franco y todo su gobierno con algo tan absurdo, al menos visto con cierta distancia, como hacer gasolina con remolachas y legumbres. Sorprende, al menos un poco, que no supiéramos nada sobre ese episodio que ha centrado la novela del autor de Carreteras sencundarias, titulada con el nombre del embaucador: Filek (Seix Barral).

Es cierto que no se trata de un capítulo central de la historia, ni siquiera algo que cambiara su curso, pero, como señala el Premio Nacional de Narrativa, "es una nota a pie de página bastante interesante".

Y muy suculenta, sobre todo para un novelista, tener entre manos algo nunca contado de este calibre literario. "Pensar que un estafador de medio pelo fuera capaz de estafar a Franco..." ¿Igual es que era un poco tonto Franco? "Sería reducir mucho el asunto, no bastaría solo con eso".

El autor de Dientes de leche deja claro el potente poder de convicción de su personaje: "Un tipo que se dedicaba en los años treinta a engañar a pobres viudas vendiéndoles supuestas patentes de gasolina sintética, que lo intenta con un gobierno republicano, que lo vuelve a intentar con otro gobierno republicano y no lo consigue, y que en el año 39 lo consigue con Franco, talento tenía que tener".

La coincidencia de otros factores ayudó a que la estafa prosperara. Filek, en aquel momento, había dejado de ser un estafador para converstirse en un excautivo. Su paso por la cárcel había cambiado buena parte de su presentación y marcaba nuevos pasos: en prisión había conocido a gente que le podía ayudar fuera. Su origen germano también cobraba relevancia entonces, ya que para aquel gobierno, Hitler era muy respetado y sobre todo alguien que parecía que iba a controlar toda Europa.

Otro punto que le allanaba el camino era que en España se estaba poniendo en marcha la autarquía, y lo único que no tenía España era petróleo. "Así que cuando llega un tipo como Filek, que le enseña a Franco algo que necesita y mucho, porque petróleo era lo único que no tenía, se lo cree. Y no es por ser más o menos listo, es más por esa tendencia que tenemos los seres humanos de ser crédulos cuando necesitamos mucho creer algo. Y además, no fue solo él, los demás también se lo creyeron".

No obstante, algo de desconocimiento, si no estupidez, tenía que reinar en aquel sinsentido: "Bastantes eran tontos, sí, pero otros no lo eran y se dieron cuenta, pero aquellos se callaron. En un clima como aquel nadie iba a llevar la contraria a Franco. Y así fue creciendo la estafa hasta que hubo que hacer unos análisis". Pero hasta que se hicieron y se descubrió Filek ya había ganado mucho dinero con muchos inversionistas que se lo habían creído. "Lo sorprendente es que el BOE apoyara esta estafa sin análisis previo".

Tal vez esa otra tendencia que a veces ha caracterizado a nuestro país hacia la chapuza tuviera algo que ver... "Es verdad que España tiene tendencia a la chapuza, pero es que aquello además era un gobierno de militarotes que no sabían nada. Era un gran cuartel gestionado por cuatro generales. El ministro de Industria era un militar que no sabía nada de hidrocarburos, así que llegaba Filek le contaba su fórmula secreta de la gasolina y no podía decirle nada".

Pero esa fórmula es casi un chiste, de hecho se puede hacer uno en casa según Filek su propia gasolina: remolachas y legumbres y un toque de baño maría. "Pues se lo creyeron".

La historia no variaba por aquella estafa, pero no toda la historia se compone de lo que la cambia. "Sí, pero los historiadores tienden más a buscar la interpretación de épocas con movimientos fuertes o historia de grandes países, de movimientos políticos. La historia de individuos particulares es más de los novelistas".

El radar de Pisón se disparó enseguida, tras una temporada buscando un tema que lo motivara. "Desde Enterrar a los muertos, en 2005, estaba buscando un tema, estaba alerta y no encontraba nada. Cuando me encontré Filek dije: a por él".

¿Le costó entenderlo? "Los estafadores tienen un perfil bastante reconocible: seguros, persuasivos, sin escrúpulos. Y al principio hasta les tienes empatía porque te caen bien. Eso sí, ellos no tienen ninguna. Y menos Filek, que fue capaz, por ejemplo, de estafar a un hombre mayor francés con un hijo preso. Empatía no tenía, pero sí una enorme facilidad para vivir del lujo y en hoteles buenos sin pagar. Es un pícaro que tuvo en el 39 su momento: vivir con dinero. Pero le duró muy poco. De hecho es la historia de un perdedor. Me sorprende que viviera sesenta y pico años con esa vida de cárcel y campos de concentración. Sobrevivió hasta el 52 con 63 años".

Sorprende también que su mujer, que solo había vivido los momentos más bajos y oscuros del estafador, esperara a que saliera de la cárcel para irse a Hamburgo y vivir con él los últimos años. "Y atractivo físicamente no era, pero una buena labia tenía. Imagina: Un tío que vive en una casa de huéspedes y no paga y además pide dinero a la casera y ella se lo da..."

No hay posibilidad de símil con otros personajes: "Por suerte la historia de un estafador no representa a nadie. Políticos que mienten hay muchos, pero este no era un político, y la gracia que tiene es que nos puede caer bien porque es un estafador. Si tuviera un cargo, no. A un político le pedimos ejemplaridad, a un estafador le pedimos que nos caiga bien".