"Su inteligencia visual es la de un genio... Escuchar como describe Beaton, en términos estrictamente visuales, a una persona, un lugar o un paisaje, es asistir a una representación divertida, brutal o bellísima, pero siempre y sin ningún género de dudas, brillante. Es justamente esto, la inteligencia extraordinaria y comprensión visual de sus fotografías, lo que hace que la obra de Beaton sea única", dijo en escritor Truman Capote de nuestro protagonista.

Hace ahora 50 años, la National Portrait Gallery de Londres organizaba la primera muestra histórica de Cecil Beaton (Londres, 1904- Salisbury, 1980). Histórica porque fue la primera retrospectiva dedicada a un fotógrafo vivo celebrada en un museo nacional británico y, también, porque marcó un antes y un después hacia la fotografía como disciplina artística, revalorizando su estatus.

Medio siglo después llega a la Fundación Canal de Madrid Cecil Beaton. Mitos del siglo XX, una de las exposiciones estrella de la Sección Oficial del festival de fotografía PHotoEspaña y la primera retrospectiva que se dedica a este fotógrafo británico en nuestro país (se podrá disfrutar hasta el 19 de agosto).

Beaton fue, por excelencia, el fotógrafo de la belleza. Él mismo dijo: "la belleza es la palabra más importante del diccionario. Es sinónimo de perfección, esfuerzo, verdad, bondad". Hay que tener en cuenta que esto lo dijo un hombre que siempre se sintió inseguro de sus orígenes de clase media, que huyó de la educación popular que había recibido y que hizo de su cámara su personal tarjeta de visita para acceder a ese otro mundo al que deseaba pertenecer con todas sus fuerzas.

Por todo ello, a lo largo de su vida se rodeó de creadores de vanguardia, iconos de cultura, estrellas de Hollywood, de la realeza y la aristocracia europea... y todos ellos fueron, además, inmortalizados por su cámara dando lugar a un archivo fotográfico que todavía sigue destacando por su elegancia y exquisitez.

Desarrolló su trabajo a lo largo de seis décadas y supo amoldarse a los gustos de cada una de ellas: en años 20 recurrió a los decorados sobrecargados realizados por él mismo, en los 30 se aprecia cierta influencia del surrealismo, en los 40 se involucró con su cámara mostrando la cruda realidad de la guerra y tomando alrededor de 10.000 fotogafías de edificios destruidos o niños en los hospitales y, finalmente, se volvió más austero en las décadas de los 50 y 60.

Rodeado por las estrellas

La muestra que puede verse ahora en la capital recoge una amplia selección de retratos, un total de 116, que se han dividido en cuatro importantes secciones. Para empezar, Cine y Hollywood reúne su fascinación por el mundo del cine, los actores y actrices así como su trabajo como diseñador de vesturario y escenografía (recibió un Oscar en 1957 por el vestuario de Gigi y en 1963 otros dos por la dirección artística y el diseño de vestuario de My Fair Lady).

Visitaría por primera vez Nueva York en 1928 y en esa ciudad fotografiaría a lo largo de los años a estrellas como Marilyn Monroe, de quien dijo "su ingenio y picardía de niña me rompieron los esquemas", Maria Callas o Joan Crawford. A Hollywood llegaría un año después y durante la década de los 30 inmortalizaría a figuras como Dolores del Río, Johnny Weissmüller, Gary Cooper, Buster Keaton y su predilecta, Greta Garbo, con la que llegó a obsesionarse y a la que pediría matrimonio (sin éxito). Durante el rodaje de My Fair Lady se sumaría a la lista Audrey Hepburn, quien dijo al ver sus fotos: "Desde que tengo memoria he deseado ser bella. Mientras miraba las fotografías, me di cuenta de que lo fui durante un tiempo y fue gracias a ti".

Tras el cine, el apartado titulado Arte y Cultura, que incluye los famosos retratos de la poetisa Edith Sitwell, una de sus primeras modelos a la que retrataría en numerosas ocasiones. A la lista se suman Pablo Picasso, Salvador Dalí con Gala, Igor Stravinsky, Rudolf Nureyev, Marta Graham, Jean Cocteau, Colette, Jean-Paul Sartre, Alberto Giacometti, Mick Jagger –al que definió como "increiblemente fotogénico"- o Francis Bacon, con el que intecambió una sesión fotográfica por un retrato. El resultado no convencería al fotógrafo que escribió "mi rostro apenas se reconocía". Bacon acabaría destruyendo este cuadro.

En Moda y Belleza puede comprobarse como Beaton encontró en la moda la herramienta perfecta para plasmar sus personales códigos estéticos. Durante más de 25 años colaboró con la revista Vogue y por delante de su cámara pasaron figuras tan destacadas de este universo como los diseñadores Chanel, Christian Dior y Cristóbal Balenciaga o las modelos Twiggy y Penelope Tree.

Para cerrar este círculo de elegancia y sofisticación, el apartado Sociedad y política donde encontramos retratos de la princesa Isabel de Inglaterra (antes de convertirse en reina), los duques de Windsor, la baronesa Fiona Thyssen-Bornemisza (una de las modelos más icónicas y mejor pagadas de su época), Jacqueline Kennedy o Barbara Hutton, que en su época fue considerada una de las mujeres más ricas del mundo que llegaría a morir en la más absoluta pobreza.