A Juan Martín, vecino de Valencia, le llamó la atención ver que un agente de la Policía Local de la ciudad se bebía plácidamente una lata de refresco a la vista de todo el mundo, en plena plaza del Mercado, en el centro de la capital.

Tal fue su sorpresa, que apuntó con todo detalle el tipo y la marca de la bebida consumida. Se trataba -pasando por alto el nombre comercial del producto- de uno de esos compuestos energéticos que están de moda para quienes piensan que hacen esfuerzos físicos e intelectuales más allá de lo común permitido, según resalta el reclamo publicitario.

Podía haber bebido de manera más discreta, por ejemplo, en el interior del coche patrulla que tenía a sólo diez metros de distancia.

A raíz de este hecho, se pregunta y nos pregunta Juan Martín si la Policía Local de Valencia tiene un código o normas propias sobre cómo debe comportarse en público. Reconoce que los agentes, estando de servicio, tienen que aplacar la sed como cualquier persona. «Pero de esa forma, no», arguye, criticando como lo hizo el sediento funcionario municipal con uniforme, al que, según él, pilló in fraganti.

A su protesta aporta una solución, ya que, afirma, el policía en cuestión podía haber bebido «de manera más discreta». Por ejemplo, en el interior del coche patrulla «que tenía a sólo diez metros de distancia».

No hay normas al respecto

No hay ley, ni tratado de buenas costumbres que marque pautas de cómo, cuándo y dónde se debe beber siendo agente de la autoridad cuando la sed hace mella en el organismo. Eso sí, siempre que se trate de agua u otro líquido potable, no de bebidas alcohólicas. Cuando estas últimas se consumen en la calle y en demasía, están prohibidas (legislación antibotellón), para evitar precisamente excesos malsanos y perturbadores del descanso nocturno, generalmente protagonizados por jóvenes los fines de semana.

Ningún sindicato de la Policía Local en el Ayuntamiento de Valencia cree que sea «incorrecto» que los agentes, estando de servicio, consuman bebidas sin alcohol. Igual piensan responsables de la concejalía de Policía Local, dependiente del edil Miquel Domínguez. Que lo hagan a la vista o a espaldas con el público, lo dejan a la discreción de cada uno.

Un sindicalista traslada la polémica al terreno de la paradoja. Comenta que ante un idéntico supuesto de beber en público un refresco, si lo hace otro funcionario municipal con uniforme sin ser policía local -como puede ser el caso de un bombero- «no causa sorpresa, ni disgusto, ni enfado» porque entonces se considera normal.

En cualquier caso, ni la Ley de Coordinación de Policías Locales, de rango autonómico, ni el reglamento municipal contienen recomendaciones específicas al respecto.

EVALUACIÓN DE LA RESPUESTA:

Policía Local de Valencia: aprobado

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