Foto de archivo con fardos de hachís intervenidos en Cala Botija en Algeciras
Foto de archivo con fardos de hachís intervenidos en Cala Botija en Algeciras ARCHIVO/GUARDIA CIVIL

Vilar ha descrito el trabajo diario de los 84 agentes desplegados en la comandancia de Algeciras, que comienza con alcanzar la zona a vigilar y, seguidamente, hacer un barrido con el radar y con la cámara térmica que ayuda a los agentes a saber si hay una narcoembarcación. Si es así, las autoridades le dan el alto y si no quiere detenerse, que es "lo habitual" según el teniente, se procede a "intentar cortarle el paso".

El teniente ha reconocido que las mejores tecnológicas "han dado a los narcotraficantes algunas ventajas" frente a las embarcaciones policiales ya que los criminales cuentan con motores "a disposición". "Pueden tener más velocidad y nosotros no podemos aumentar tanta potencia porque no podemos jugarnos la vida. No somos tan temerarios como ellos", ha explicado.

La forma de parar a las narcolanchas, según ha relatado el teniente Vilar, es "interponiéndose en su camino o golpeando sus motores por detrás" para que no sigan navegando, aunque este se trata de un "riesgo que hay que medir mucho" porque "un impacto a esas velocidades puede ser mortal".

Además, el teniente ha narrado que, en algunas ocasiones y en mitad de una persecución, se pueden reconocer por parte de los agentes las caras de los patrones de narcolanchas porque algunos son pilotos "detenidos varias veces". Sobre esto, Vilar ha explicado que los dirigentes de las embarcaciones suelen ser "gente que ha cumplido condena y ha vuelto a reincidir".

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