Agresión a guardias civiles en Algeciras
Uno de los ocho detenidos por la agresión a nueve guardias civiles en Algeciras, a su llegada a los juzgados de la localidad gaditana. A. CARRASCO RAGEL / EFE

La jueza decretó este jueves prisión comunicada y sin fianza para los ocho detenidos por la agresión el sábado pasado a nueve agentes de la Guardia Civil en Algeciras (Cádiz) cuando se encontraban fuera de servicio y salían de comer de un restaurante de esa localidad.

Fuentes próximas al caso indicaron que la autoridad judicial tomó esta decisión tras tomar declaración a los arrestados y escuchar a los testigos de la riña y a las víctimas de la agresión: dos sargentos y siete guardias del Grupo de Acción Rápida (GAR) del instituto armado.

La jueza les atribuye la presunta comisión de un delito de atentado a agente de la autoridad del artículo 550-551 del Código Penal, al que le correspondería la pena máxima, cuatro años de prisión, por usar con violencia armas y objetos contra los funcionarios.

También les ha imputado el delito de desórdenes públicos del artículo 557 del Código Penal, que conlleva penas de entre seis meses a tres años de cárcel, con lo que la pena total que les podría corresponder si en el juicio se corroboran estos dos delitos podría alcanzar los siete años de cárcel, informa el TSJA.

Tomó la decisión aceptando la petición de la Fiscalía, que dijo que con este agresión se puso en juego, además del propio orden público, "el libre ejercicio de las libertades deambulatorias de la propia población local, así como la paz pública y la seguridad de cada conciudadano".

Los hechos se desencadenaron sobre las seis de la tarde del pasado sábado cuando los nueve agentes, miembros de la unidad de los GAR desplegada en el Campo de Gibraltar para reforzar la lucha contra el narcotráfico en la zona, salieron de comer en un restaurante de la barriada de El Riconcillo de Algeciras, disfrutando de su día libre.

Según fuentes policiales, cuando fueron a recoger sus vehículos en un aparcamiento en la calle, se encontraron a varias personas que celebraban una primera comunión en un restaurante aledaño y que les cortaron el paso y comenzaron a insultarles y a agredirles.

Pronto se sumaron otros asistentes a la comunión y, mientras los agentes se identificaban como tales y trataban "de calmar los ánimos", la violencia del grupo aumentó y empezaron a tirarles piedras, adoquines, ladrillos e incluso con algún bate de béisbol.

La violencia fue tal que uno de los agentes hizo tres disparos al aire, mientras que dos patrullas de la Policía Nacional acudieron a ayudar a los agentes.

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