Nada más empezar a hablar con uno de los mentalistas más populares de nuestro país, Jorge Luengo, ya no encuentro el móvil. "Al final de la entrevista lo encontrarás". Perfecto, primer truco, ¿es su favorito hacer desaparecer el móvil de la gente?

El que más usa, porque favorito no nos dice, es aprenderse el nombre de las personas. "Conocer el nombre de alguien es muy importante para impactar. Si yo te conozco hace seis meses y no te vuelvo a ver y me encuentro contigo ahora, y te digo Paula, te llego seguro". A ello y cómo lograrlo dedica un interesante capítulo de su libro Supertrucos mentales en nuestra vida diaria (Temas de Hoy).

La comunicación no verbal ocupa también una parte importante de la obra, en la que enseña al lector maneras de desarrollar nuestro potencial para llevar la vida por el camino que de verdad queremos. Tal y como hizo él, que no dudó en dejar de ser profesor de matemáticas para ser mago. "Si mi madre no se murió ese día, ya no se morirá de un infarto. Fue la mejor decisión de mi vida".

A las vidas de la gente dedica este libro desde ese lugar que eligió con la intención de ayudar. "¿Lo más fácil que se puede aprender?", se autopregunta, "pues que la memoria funciona mucho mejor si sabemos usarla –en el libro hay varios trucos para trabajarla– y que somos mucho más intuitivos de lo que creemos".

Tajante y seguro defiende que nos fiemos de nuestra intuición siempre. "Es un error no hacerlo. Hay que ayudarse más de ella en las pequeñas decisiones y al llegar a las grandes sabremos cómo usarla y acertaremos. Está poco entrenada".

No quiere despedirse sin hablar de algo que considera fundamental que la gente sepa y es en qué tipo de personas nos dividimos. "Somos auditivos, visuales o kinestésicos. El visual se fija en el entorno y los detalles; el auditivo se centra en las palabras, la música; el kinestésico tiene el punto clave en el contacto, por lo que si lo tocas bastante te acercarás".

¿Y el mayor tópico? "Que el mentiroso tiene mirada huidizo. Es falso. Todos los mentirosos mantienen la mirada para que no te fijes en los detalles".

Pasamos al casi infinito mundo de los gestos. Él mismo actota: «El gesto más chungo es juntar las yemas de los dedos. Ese gesto es una manera de demostrar superioridad y decir: soy superior a ti». Es el gesto que primero habría que modificar, solo sirve para dar miedo. «Tocarse el pecho es uno de los mejores y más bonitos gestos. Sale del corazón».