Manuel Rivas
El escritor Manuel Rivas. RECIO

"Ahora, cuando los políticos hablan de reforma, te pones a temblar: ¿qué nos van a quitar?", dice el gallego Manuel Rivas que con su Contra todo esto. Un manifiesto rebelde (Alfaguara) quiere devolver parte del poder perdido a las palabras. "Vivimos en el período de la sustracción del sentido de la palabra, donde su significado se manipula".

Su obra, que no esconde nada y le quita toda posibilidad a la metáfora, va directo contra todo lo que nos ha pasado y sigue pasando: "Todo Esto es descivilización. Todo Esto es retroceso y rearme. Todo Esto es la producción del miedo para poner en cuarentena derechos y libertades". Y sobre todo, una palabra que suena nueva y que acuñó Rubén Darío: "canallocracia".

La recoge Rivas y nos la devuelve: "Con esa palabra se define el modo de poder que impera en España y en gran parte del mundo. Es como una reunión de capos: Putin, Trump... Es un milagro que el mundo sobreviva".

Y también mantener la esperanza, "yo la tengo y la siento, y eso quiere este libro, un camino hacia un puñado de sol". Sol al que se refiere cuando nos habla de cómo reconducir o empezar a hacerlo y señala a los ancianos y a la necesidad de mirar hacia ellos y lo que hacen. "Si los sigues, verás que siempre te llevan a un puñado de sol".

En esa desolación optimista que reina en el libro y en el tono con que habla durante la charla deja clara que su postura, de rebeldía, es una huida de lo que con tino llama "Partido Apocalíptico". Porque él nunca ha sido ni será, sentencia, de esos.

"Uso es la ironía y el humor para plasmar esta necesidad urgente de expresar vergüenza. Vivimos en un estado donde está ausente la vergüenza, y la vergüenza es ya en sí una revolución. Es el primer paso para reconocer las injusticias y poder cambiar", sentencia sin que parezca que lo que dice son verdades absolutas..

Es pues el punto de partida y el sostén de esta obra, el motivo por el que interrumpió la escritura de la novela en la que estaba embarcado, el sentimiento de vergüenza ante lo que llama "este lento hundimiento en el bochorno". Y ahí entra la fuerza de la palabra, "porque son las propias palabras las que llevan al activismo. Y están viviendo este desequilibrio y contaminación, esta intoxicación. Las palabras también se mueren por no usarlas".

Autor de Un millón de vacas, ¿Qué me quieres, amor?, El lápiz del carpintero o El último día de Terranova sabe bien lo que quiere decir cuando habla de su instrumento de trabajo desde hace media vida. "Igual que tenemos más capacidad de destrucción de la naturaleza, de generar guerras, la hay de producir veneno sobre el lenguaje. Las palabras son como las vacunas: el mejor y el único remedio. El silencio siempre favorece al poder."

No se libra el machismo de su pluma, y directamente lo escribe así: "Es una guerra contra la mujer". Datos de feminicidios, esclavitud sexual, etc aparte, reflexiona sobre lo cercano: "Incluso en sitios amables la mujer ha de estar alerta. Y por eso el feminismo es una revolución que puede cambiar la vida en el mundo".