Vistas de la exposición 'Domènec. Ni aquí ni en ningún lugar', 2018
Vistas de la exposición 'Domènec. Ni aquí ni en ningún lugar', 2018, que puede verse actualmente en el MACBA hasta el próximo mes de septiembre. Foto: Miquel Coll MIGUEL COLL

"Un viaje de ida y vuelta entre los intentos desde mediados del siglo XIX de construir formas de vida en común más justas e igualitarias en paralelo al crecimiento del capitalismo y la acentuación de las diferencias de clase", así define el propio Domènec (Mataró, Barcelona, 1962) el recorrido que da forma a la exposición Ni aquí ni en ningún lugar, que el MACBA le dedica hasta el próximo mes de septiembre.

La muestra reúne una veintena de obras realizadas desde finales de los años 90 a la actualidad (incluyendo dos piezas de nueva producción). Todas ellas se articulan en torno a cuestiones como las utopías y realidades sociales, la especulación sobre la dimensión pública de la arquitectura y los preceptos ideológicos que la determinan o sobre qué condiciona la memoria y el olvido.

El resultado es una investigación y ensayo crítico del artista visual que se materializa en forma de esculturas, instalaciones, fotografías, vídeos e intervenciones en el espacio público.

"La exposición es una propuesta crítica respecto al proyecto moderno: da voz a los protagonistas, a los discursos no oficiales, y se aleja de los relatos dominantes para restituir la memoria. Las obras incluidas en la exposición parten de diferentes contextos locales y establecen un diálogo con otros ámbitos internacionales, con el fin de plantear el actual impacto de propuestas utópicas surgidas a raíz de la revolución industrial y en contraposición al capitalismo", dice el museo.

De esta manera Domènec trabaja sobre la ruptura de lo que él mismo califica como "frágil contrato entre el capital y el cuerpo social". Ejemplos de todo ello aparecen en las obras seleccionadas: edificios de viviendas sociales convertidas en cuarteles militares o campos de internamiento como la Casa Bloc de Barcelona; una ciudad fantasma de entrenamiento militar, Baladia, utilizada por el ejército israelí para atacar núcleos urbanos palestinos; la reproducción del monumento destruido por los nazis a Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht; o una de sus últimas piezas, la recreación de la cabina diseñada para garantiza la seguridad del Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS, durante su juicio en Jerusalén en 1967.

También se presentan casos concretos de arquitectura española realizada entre 1939 y 1975 en zonas devastadas por la Guerra Civil con la participación directa de cientos de miles de presos republicanos que fueron condenados a trabajos forzosos para construir pueblos como el nuevo Belchite, vías de comunicación, infraestructuras públicas como el Canal del Bajo Guadalquivir, edificios estatales e incluso edificios religiosos, como la catedral de Vic o el Valle de los Caídos.

La muestra se completa con la instalación El estadio, el pabellón y el palacio (2018) que podrá verse en el Pabellón Mies van der Rohe hasta el próximo 6 de mayo. Una intervención que contrasta con la imagen idílica de la montaña de Montjuïc y la Exposición de 1929, hurgando en el periodo inmediatamente posterior, cuando el flujo migratorio, originó la aparición de barrios enteros de chabolas o el uso de edificios como el Pabellón de Bégica o el Palacio de las Misiones como espacios de internamiento para personas sin recursos.