Brenda Fernández, paciente en lista de espera para operación bariátrica en el hospital de Bellvitge
La joven Brenda Fernández, en su casa de San Pere de Ribes (Barcelona). MIQUEL TAVERNA

Los pacientes catalanes pendientes de una operación quirúrgica esperaron 173 días de media en 2017 (casi seis meses) para entrar en quirófano, según los datos de la memoria publicada por la Asociación El Defensor del Paciente. Pero esta estadística es poco o nada representativa en el caso de Brenda Fernández, una joven de Sant Pere de Ribes (Barcelona) que desde mayo de 2013 permanece a la espera de una intervención bariátrica (para frenar su obesidad) que no llega.

Su calvario empezó siendo aún una niña: "Cuando tuve la regla, con 9 años, comencé a ganar peso. A los 16 años tuve claro que me quería operar, pero no está permitido hasta los 19 años", explica a 20minutos.

Fue entonces– superada la mayoría de edad y "tras intentar muchas cosas", entre ellas múltiples dietas– cuando la especialista de su pueblo la derivó al Hospital de Bellvitge. "Cuando decidieron la derivación tenía 21 años y pesaba 109 kilos", cuenta. A día de hoy, Brenda tiene 26 años y cada vez que se sube, la báscula arroja su insalubre realidad: 117 kilos.

"No peso dos cifras desde que tenía 15 años", se lamenta la joven, que tiene su vida en stand by por culpa de este hospital barcelonés que no contactó con ella hasta 2017, cuatro años después de que su doctora gestionara la derivación. Es decir, 1.460 días de espera para entrar en el circuito de obesidad mórbida, lo que convierte su caso en un expediente de récord, como reconoce el Defensor del pueblo catalán, el Síndic de Greuges, al que la paciente recurrió en busca de ayuda.

Pero los problemas no acabaron ahí. Desde abril de 2017, Brenda lleva otro año siendo valorada por un equipo multidisciplinar del centro. Muchas consultas después –la próxima está prevista con el endocrino para este viernes 20 de abril–, la joven aún no ha visto al cirujano ni sabe si será candidata para un bypass o una manga gástrica.

"Recibes la noticia de que te van a operar con mucha ilusión, pero tienes que parar tu vida. No puedes hacer planes. Y empiezas a ver que la demora es anormal. En Madrid y en otras comunidades, en uno o dos años están operadas", se lamenta. Lo sabe bien porque estas pacientes comparten un grupo nacional y otro europeo de mujeres con esta patología: la obesidad mórbida. O lo que es lo mismo, tienen un índice de masa corporal superior a 50, cuando el de una persona saludable oscila entre 19 y 25. "Solo sé que algo está mal en Cataluña cuando alguien tiene que esperar siete años para ir al quirófano".

Y no se equivoca. La espera total –cuando logre el visto bueno del cirujano– será de entre siete u ocho años. Según la estadística facilitada por el propio el Servicio Catalán de Salud, una vez que logre 'colarse' en la lista de espera quirúrgica su turno para ver reducido su estómago demorará aún, de media, 665 días. Una cifra que el departamento de Antoni Comín –el exconseller de Salud fugado a Bélgica y responsable, en parte, de la gestión de estas listas– reconoce sin ruborizarse.

"No quepo en la butaca del cine"

Mientras Cataluña sigue inmersa en el desgobierno, Brenda vive su particular procés. "Nunca he podido ir a comprar ropa con mis amigas", se lamenta con tristeza quien a sus 26 años excede con mucho el tallaje propio de las tiendas de su edad. Tampoco va al cine: "No me puedo sentar en las butacas porque el asiento se me clava".

Algo similar le ocurre en los parques de atracciones. "No voy para no pasar vergüenza. Hago la cola y luego, cuando llego, no me dejan subir por mi tamaño, porque no me da la barra de seguridad", cuenta Brenda. Por las mismas razones no viaja ni vuela.

Ni siquiera puede quedarse embarazada, a pesar de querer "ser madre joven". En su situación "tendría que abortar", cuenta que le han dicho los médicos. Tras una obesidad que le "ha afectado mucho con los chicos", Brenda tiene ahora su primera relación, un novio al que ha "conocido por intenet" tras lustros de sufrir acoso e insultos, que dice haber superado.

El empleo es el otro gran escollo: "En el Inem ya me dijeron que pendiente de una operación es aún más difícil. No me llaman de entrevistas y si lo hacen me pasa como en una panadería, donde me dijeron: 'Lo sentimos pero tenemos ropa de tu talla'". A todo ello hay que sumar, además, los problemas de salud que arrastra la familia. "Tenemos las venas pequeñas y problemas de azúcar. A varios familiares les han cortado miembros. Sé de lo que hablo. Con mi historial y mi sobrepeso, necesito la operación".

Desde el Defensor del Paciente califican la situación de una "agresión" contra Brenda. "Si no es atendida a tiempo, esta patología es una bomba de relojería, afecta a todo el organismo y las pacientes sufren ansiedad y llegan a pensar en el suicidio", denuncia su presidenta, Carmen Flores.

"Acelerar los procesos"

20minutos ha contactado con el Hospital de Bellvitge para conocer los motivos de la demora en este caso o alguna explicación convincente para saber qué ha fallado en la derivación de Brenda.

"La paciente está incluida en el circuito para valorar si es canddiata o no a una cirugía bariátrica", dicen, sin entrar en la demora. "El hospital está trabajando los protocolos para acelerar los procesos y aumentar el número de cirugías", arguyen.

En los últimos tiempos ya se han hecho avances importantes y actualmente el Hospital de Bellvitge es el segundo centro de Cataluña en número de pacientes intervenidos y realiza el 16% de todos las operaciones de obesidad mórbida de Cataluña.

Consulta aquí más noticias de Barcelona.