Pablo Picasso. Minotauro ciego guiado por una niña en la noche, Noviembre de 1934
Pablo Picasso. Minotauro ciego guiado por una niña en la noche, Noviembre de 1934. Cobre, aguafuerte/ papel verjurado de Montval. Colecciones Fundación MAPFRE © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2018 PABLO PICASSO

Dos genios españoles del siglo XX unidos por el Mediterráneo y en una de las ciudades europeas con mayor bagaje histórico de Europa, La Valeta (Malta). Allí acaba de inaugurarse Picasso y Miró, The Flesh and the Spirit, una exposición organizada por la Fundación Mapfre que sirve de carta de presentación a la ciudad como capital europea de la cultura este 2018 y, al mismo tiempo, se suma al evento Picasso Mediterranean, que lidera el Museo Nacional Picasso de París y en el que se integran unas 60 instituciones culturales europeas.

Uno como fundador del cubismo, el otro como protagonista fundamental del surrealismo, dotaron a su obra de una personalidad propia que queda latente de una forma muy precisa en las 144 piezas que se han seleccionado para esta muestra y que podrá verse en el Palacio del Gran Maestro hasta el 30 de junio. De Picasso, se destaca su dominio de la línea y el dibujo, mientras que las obras de Miró son todo color, uno de los rasgos más característicos de sus trabajos.

La fuerza creativa de Picasso queda latente en esta ocasión a través de las estampas que configuran la Suite Vollard. La Fundación posee una de las escasas colecciones completas que se conservan (adquirida en el año 2007). La primera parte del recorrido, por tanto, reúne los 100 grabados que constituyen este proyecto, realizado entre 1930 y 1937 por encargo del marchante de arte y editor Ambroise Vollard; y que supone un retorno del pintor al dibujo clásico y el blanco y negro.

La serie completa incluye tres Retratos de Vollard, cinco planchas referidas a La batalla del amor, cuarenta y seis planchas en torno a El taller del escultor, que conforman el verdadero núcleo de la serie, cuatro planchas sobre Rembrandt, quince planchas sobre El minotauro y El minotauro ciego y veintisiete composiciones de miscelánea.

Por su parte, la segunda parte de la exposición, dedicada a Miró, está compuesta por una selección de 44 pinturas centradas en su producción de los años 1960 y 1970 y que muestran su adicción por el color como principal recurso expresivo.

Pueden apreciarse dos detalles fundamentales en estos trabajos: son obras en las que se depuran los motivos, cada vez más minimalistas, como por ejemplo sus ya clásicas cabezas; y en las que el pintor hace honor a aquella frase en la que mostraba su intención de "asesinar la pintura". Sus intervenciones sobre obras de pintores desconocidos encontradas en mercados o el uso de materiales de deshecho, dan fe de ello.