Estocolmo
Imagen de un mercado en Estocolmo. GTRES

Suecia lleva años dando pasos para convertirse en un país sin dinero en efectivo, una medida que ha recibido ya varios avisos de las autoridades monetarias internacional, pero que ya está generando el enfado y preocupación de la propia población sueca, que ve en este sistema completamente digital algo que les haga más vulnerables al fraude y a diferentes tipos de ataques.

El Ejecutivo sueco no está acostumbrado a recibir críticas de su ciudadanía en los últimos tiempos, más bien todo lo contrario. Por este motivo, la creciente preocupación de los suecos por las prisas de su país para abrazar una sociedad libre de efectivo están generando más controversia de la esperada, tal y como cuentan desde The Guardian.

La realidad es que en las últimas semanas, muchos ciudadanos de Suecia ya han ido modificando sus formas de pago ante el aumento de establecimientos, como tiendas, cafeterías e incluso baños públicos, a aceptar dinero en efectivo. Una dinámica que no había encontrado detractores hasta hace pocas fechas, donde una ola de preocupación se ha empezado a extender por el país.

Todo comenzó cuando, en febrero, el jefe del banco central de Suecia advirtió que el país podría enfrentar pronto una situación en la que todos los pagos fueran controlados por bancos del sector privado. El gobernador del Riksbank, Stefan Ingves, pidió una nueva legislación para asegurar el control público sobre el sistema de pagos, argumentando que hacer y recibir pagos es un "bien colectivo". "La mayoría de los ciudadanos se sentirían incómodos al entregar estas funciones sociales a empresas privadas", dijo, añadiendo que "Suecia se debilitaría si, en una crisis seria o en una guerra, no hubiésemos decidido de antemano cómo los hogares y las compañías pagarían el combustible, los suministros y otras necesidades".

Las declaraciones del gobernador del banco central están provocando la aparición de movimientos preocupados por una sociedad libre de efectivo, cuenta Björn Eriksson, de 72 años, excomisionado de la policía nacional y líder de un grupo llamado Cash Rebellion, o Kontantupproret. "Cuando tienes un sistema totalmente digital, no tienes arma para defenderte si alguien lo apaga", argumenta. "Si Putin invadiese Gotland [la isla más grande de Suecia], sería suficiente para que apague el sistema de pagos. Ningún otro país siquiera pensaría en tomar este tipo de riesgos, exigiría algún tipo de sistema analógico".

Eriksson critica que esta cuestión política se esté dejando en manos de la decisión de "cuatro grandes bancos que forman un monopolio en Suecia".

"Ningún sistema basado en tecnología es invulnerable a problemas técnicos y al fraude", dice Mattias Skarec, un consultor de seguridad digital sueco de 29 años que prosigue aventurando que "seremos ingenuos abandonamos el efectivo por completo y confiamos 100% en la tecnología". Skarec señala problemas con los pagos con tarjeta experimentados por dos bancos suecos solo durante el año pasado, y también por Bank ID, el sistema de autorización digital que permite a las personas identificarse para fines de pago utilizando sus teléfonos. Los defraudadores ya han aprendido a explotar las idiosincrasias del sistema para engañar a las personas con grandes sumas de dinero, incluso sus pensiones.

"El mejor escenario para los defraudadores es que no somos tan seguros como creemos", dice Skarec, quien prosigue diciendo que "lo peor es que la infraestructura de TI es sistémicamente vulnerable. Hay muchas personas que saben cómo hackearlas, aunque de momento están en el lado bueno. Lo malo es que no sabemos cómo progresarán las cosas y si será más fácil este tipo de ataques en el futuro".

Los bancos reconocen que los pagos digitales pueden ser vulnerables, al igual que el efectivo. "Por supuesto, hay personas que intentan aprovecharse de ellos, pero no son más vulnerables que cualquier otro método de pago", dice por su parte Per Ekwall, portavoz de Swish, el sistema de pagos móviles muy popular propiedad de los bancos de Suecia.

Todo esto ha desembocado en una encuesta elaborada el mes pasado, donde quedó más que patente la inquietud entre los suecos, con casi siete de cada 10 diciendo que querían mantener la opción de usar efectivo, mientras que solo el 25% quería una sociedad completamente sin este tipo de dinero.