José Sacristán
José Sacristán, durante la entrevista JORGE PARÍS

El veterano actor, uno de nuestros mayores valores, vuelve a subir a escena la obra Muñeca de porcelana, de Mamet, en el madrileño Teatro Bellas Artes.

Nos recibe sin prisa y con esa mirada tan suya de indignación y sabiduría. Habla, como siempre, porque sabe que para fingir o interpretar ya están las tablas, claro, directo y con argumentos que, de acuerdo o no, cuesta rebatir.

¿Qué hay de actual en Muñeca de porcelana?
Todo. Mamet es un cronista rabiosamente actual. Y no va con denuncia o mensaje, él propone una peripecia y que cada cual saque sus conclusiones. Pero indudablemente saques la conclusión que saques va a tener que ver con lo que nos pasa a todos.

No se salva nadie...
No, todos: tanto los que están arriba como los que los ponemos arriba.

Es que somos los que votamos...
Claro. ¿Por qué están ahí y vuelven a ser votados y vuelven a ser votados? Hay un vaso comunicante o complicidad no establecida o no declarada entre el corrupto y el que lo jalea o le aplaude, le protege o le apoya.

El teatro, a veces, como ésta, lo pone delante, y la gente lo mira medio indignada pero luego, ¿hacemos algo?
No me gusta hacer del teatro un púlpito. No digo que no sirva de nada, pero para incidir en los que hacen la historia no basta con poner un ejemplo en el escenario, eso es anécdota. Mi condición de actor no puede eximirme de mi condición de ciudadano. Como actor puedo hacer lo que me dé la gana, pero como ciudadano tengo que comprometerme y llegar hasta las últimas consecuencias. No vale con que yo proponga algo al espectador y que nos caguemos en todos y que luego no se haga nada. Mi condición de actor no me exime de mi responsabilidad.

Y nunca lo ha hecho...
Yo he procurado siempre manifestar mis fidelidades y ser consecuente con ellas.

Nadie puede reprochárselo desde que empezó en los 60 en el cine...
Bueno me han llamado facha los chicos de Podemos, pero son cosas que pasan.

¿Cómo se quedó?
No hago ni puto caso.

Con 80 años, con una trayectoria como la suya, ¿cómo ve lo que pasa? ¿decepción absoluta?
No, decepción absoluta no. Si fuera decepción absoluta, me cortaría las venas. Hay un punto que yo asumo la responsabilidad de lo que está pasando como ciudadano, y manifiesto mis voluntades votando a unos y a otros. Y las cosas están donde están, y no me divierte ni me gusta dónde están. Pero la decepción no es total, porque yo no hago responsables sin más a los políticos. Están ahí porque los ponemos nosotros, entonces ¿qué pasa? Antes la culpa la tenía Franco, ahora ¿quién la tiene? ¿Rajoy? Siempre la culpa es de otros, ¿y nosotros qué hacemos?

¿No tendrá que ver la pérdida de interés cultural?
No, no te engañes.

¿Es ingenuo pensar que una sociedad culta no habría llegado hasta aquí?
Yo sería un hijo de puta y y un miserable si me quejara. Cuento con la fidelidad de un número importante de personas que siguen mi trabajo.

Cuando ve a tanta gente joven en Cataluña manifestándose, ¿qué piensa?
Son más viscerales que intelectuales esas cosas. Las patrias, las banderas y las fronteras no son cuestión de inteligencia. Nunca ha sido inteligencia, eso es el bajo vientre y allá cada cual cómo se maneje con sus esfínteres. Nada de lo que se mueve ahí es intelectual: ni lo de un lado ni lo de otro. A mí la unidad de la patria me toca los cojones y esa república de bananas que quieren... Aunque solo sea por respeto a la palabra república, habría que hacerlo de una manera más seria. ¿Es que son tontos o qué?

¿Cambiaría en algo ver obras como ésta?
No, ni aunque los obliguesa verla. La solución no está en el teatro.Esto empieza en la escuela.

¿Le sorprende que no hubiera vaticinio de lo que ha ocurrido?
Nadie imaginaría tampococo la I Guerra Mundial ni el fascismo. No debían de ser predicciones fáciles de hacer. Estamos en un punto: mira a Trump en EE UU. Es que Trump no es un gilipollas que se ha puesto ahí por cojones. Son millones los que le aplauden y a los que les conviene lo que hace. Mira Italia y mira aquí. A estos muchachos catalanes que dicen que lo que hace Rajoy es franquismo yo les digo: una polla como una olla. No tienen ni idea de lo que es el franquismo. Y llamar presos políticos a estos impresentables es no tener ni puta idea de lo que era la represión franquista.

Su padre sí fue un preso político...
Sí, claro. Pero el ejemplo de mi padre se queda pequeño con otros casos. Pero mi padre se ha muerto y ya no voy a reivindicar nada.

¿Cómo asistió a su éxito?
Lo conoció, lo vivió. Murió con 93 años, y yo ya era este que está sentado aquí. Mi padre hace ya mucho que era miltante del Partido Comunista y mira cómo está la Unión Sovi'çetica. No jodamos. Mucho antes de morir mi padre ya no hablábamos de política. Desde que se descompuso el Partido Comunista. Mira dónde está Izquierda Unida. Si está derecha impresentable está donde está, es porque la izquierda de este país es un cubo de mierda. Incluidos los sindicatos.

Hablando de cine: ¿mira atrás?
Sí. Yo soy memoria. Pero no vuelvo a ver las películas, tengo otras muchas cosas que hacer. Las hay más interesantes que no he visto. ¿Cómo voy a volver a ver Vente para Alemania, Pepe? Pero no porque reniegue, que no, es solo que tengo otros libros que leer y ortas pelis que ver.

¿Qué ha cambiado de aquel cine al de ahora?
La ilusión, el sacrificio y las ganas no han cambiado. Lo que ha variado es lo técnico. La constante es la misma: miras al fondo de los ojos de una chica de 20 años que quiere hacer Julieta y es lo mismo que a una actriz hace 30 años.

¿Qué papel no haría nunca?
Nunca haría uno que defendiese posiciones que no defiendo, por ejemplo donde se exaltara el fascismo.

¿Ha pagado peaje sentimental por su profesión?
No, pero que lo digan mis hijos, que ya tienen 40 y 50 años.

¿Se recuerda cuando era mecánico?
Mi decisión de ser actor estaba tomada de antes.  Pero al volver de hacer la mili Melilla le dije a mi padre que ya no trabajaba más en el taller.