Picaos en San Vicente en Jueves Santo de 2018
Picaos en San Vicente en Jueves Santo de 2018 EUROPA PRESS

Los nueve disciplinantes - cuya identidad se desconoce, así como sus motivos- han realizado su penitencia en la 'Procesión de la Santa Cena'. Posteriormente el rito se repite por la noche, en la 'Hora Santa' - en el interior de la iglesia-, y el Viernes Santo en dos ocasiones más, tras la 'Procesión del Vía Crucis', por la mañana - 11,30 horas- y, por la tarde, durante la Procesión del Santo Entierro - 20,30 horas-.

Como marca también la tradición no es hasta el momento que sale la procesión cuando se conoce el número de 'picaos', que como requisitos deben cumplir el de ser mayor de edad, varón y disponer de un certificado de su párroco, que acredite su sentido cristiano y su buena fe.

A partir de ahí, y desde la sede se les ha asignado un acompañante - hermano de la Cofradía de la Santa Vera Cruz- que ha servido de guía, ayuda, consejo y protección al disciplinante durante su penitencia. A continuación, ya con el hábito, han acudido a la procesión donde tras arrodillarse ante el 'paso' y realizar una oración, se han puesto de pie, momento en que el acompañante les ha retirado la capa de los hombros y abierto la abertura de la espalda.

ENTRE 800 Y 1.000 GOLPES

Tras ello, con una madeja de algodón sujeta con ambas manos, han ido propinándose golpes secos en la espalda, por encima de los hombros, a izquierda y derecha.

Se golpean entre 800 y 1.000 veces, hasta que el acompañante y el 'práctico' deciden cuando es el momento de ser pinchado. En ese instante, los disciplinantes se han agachado colocando la cabeza entre las piernas del 'practico', que les ha golpeado levemente tres veces cada lado de la espalda, en la zona lumbar, para que brote un poquito de sangre, que evite molestias posteriores, pero nunca para mortificar más o aumentar el sufrimiento. Después han seguido golpeándose 15 ó 20 veces más.

El utensilio que tradicionalmente se utiliza para "picar" se denomina "esponja" y consiste en una bola de cera virgen con 6 cristales incrustados de dos en dos, de manera que cada disciplinante recibirá 12 pinchazos.

Finalizada la penitencia, disciplinante y acompañante vuelven a la cofradía donde el practicante le lava y cura las pequeñas heridas con agua de romero y con meticulosidad.

Junto a las cuatro veces que en Semana Santa se realiza esta tradición, en otras dos ocasiones, en la 'Cruz de Mayo' - el 3 de ese mes, que en caso de no ser domingo, se realizaría al domingo siguiente- y en la de Septiembre - el 14 de septiembre, si es domingo y si no el domingo siguiente- , las calles de San Vicente reviven este rito.

Las procesiones de 'Los Picaos' en Semana Santa fueron declaradas de Interés Turístico Nacional en 2005 y en 2016 Bien de Interés Cultural de carácter Inmaterial (BIC).

EL RITO DE LA FLAGELACIÓN

Los Disciplinantes de San Vicente de la Sonsierra ostentan un lugar relevante en la religiosidad popular y en las tradiciones de toda España, porque actualmente no existe otro lugar donde se haya podido mantener este rito secular relativamente frecuente en pueblos y ciudades hasta el siglo XVIII.

Aunque no se tiene constancia de la antigüedad de esta tradición, sí se sabe que en 1551 la Cofradía de la Veracruz presentó los estatutos y las ordenanzas ante el Vicario General del Obispado. Se trataba de una recopilación sobre lo que se practicaba de forma habitual y el objetivo era poner en orden y reorganizar la institución para vivir con plena exigencia la 'Santa Regla'. Por lo que se cree que su existencia es muy anterior.

Las mujeres, que en el siglo XVI pertenecían a la cofradía y luego desaparecieron como hermanas de la misma, vuelven a pertenecer a esta hermandad desde 1998. Su penitencia se limita a la tradicionalmente ejercida por ellas como 'Marías'.

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