"En la mesa con Francisco"
"En la mesa con Francisco" LAROUSSE

Que Jorge Mario Bergoglio ha conseguido convertirse en uno de los Papas más campechanos y queridos de los últimos tiempos no es ningún secreto. Lo que no es tan conocido es que el Papa Francisco también es un auténtico apasionado de la cocina y la gastronomía. Vaya, un foodie como se dice ahora.

Bromas al margen, el libro En la mesa con Francisco, que recientemente ha editado Larousse, revela esta faceta menos conocida del Papa. Una suerte de recetario papal que recorre su vida -estamos ante una biografía muy amable, firmada por Roberto Alborguetti- y sus platos preferidos.

En realidad, ninguna sorpresa teniendo en cuenta que estamos ante un argentino de origen familiar italiano. Y por si esa combinación necesita un poco más de dosis gastronómica, nada como las continuas referencias bíblicas a pan, vino, cenas y peces que se multiplican.

"Con el pan no se bromea, recuerdo que de niño, cuando se nos caía el pan, nos enseñaban a recogerlo, besarlo y volver a ponerlo en la mesa", explica Bergoglio cuando se le pregunta por la importancia de la alimentación y el pan.

Con ese tono eclesiástico -muy adecuado para estas fechas, sí- descubrimos algunas cosas realmente interesantes y curiosas de la vida del Papa alrededor de la comida. Y es que, pese a que desde el Vaticano se ha llegado a asegurar que es más de pollo y ensalada diaria, no parece que esa idea cuadre con lo que se cuenta en el libro. Comidas humildes -de menú de 10 euros ha llegado a escribir algún periodista- pero con cierta gracia.

¿Sus favoritos? La lista es larga, pero no faltan la pizza con bien de mozzarella, como buen italo-argentino. Cuentan que echa de menos ir por la calle y entrar en cualquier pizzería a comer una porción.

De postre, por supuesto, dulce de leche, y cada mañana al levantarse antes de las 5 de la mañana y tras las oraciones -asegura el libro- un mate. ¿Es el Papa abstemio como también se rumorea? Nada de eso. Además del vino de mesa, cuentan que le gusta beber ("poco, muy poco", matiza él) alguna copa de malbec argentino y vinos italianos.

Pero tal vez lo que más sorprende es la vertiente cocinillas del Papa Francisco, herencia, aseguran, de una abuela piamontesa y una madre que llevaba a rajatabla el recetario tradicional italiano.

Además de estudiar "química de los alimentos" en sus años mozos e improvisar alguna que otra comida en el seminario o ya de obispo, descubrimos que por ejemplo se le da bien el risotto, y sus hermanas aseguran que los calamares rellenos también los borda.

"Dicen que Jorge Mario Bergoglio sabe hacer el asado como nadie. Y que se siente orgulloso de este plato que forma parte de pleno derecho de la historia gastronómica de Argentina", leemos en las páginas del libro.

Y atención porque entre las recetas que Bergoglio por lo visto domina -aunque cuesta imaginar que ahora tenga tiempo para cocinar- figura también la paella, aunque no sabemos muy bien cómo será su particular versión vaticana.

Eso sí, tal y como ya se ocupó de aclarar en su momento, sea cual sea el menú, el móvil no tiene sitio en la mesa. Así que, por muy gourmet que sea y tenga ya hasta su propio libro de recetas, parece que por ahora la posibilidad de un Instagram foodie papal no está entre los planes de Francisco.