2001: Una odisea del espacio
Una imagen del interior de la nave Discovery One en '2001: Una odisea del espacio' de Kubrick Fox/Warner

La estación orbital circular, el niño (o feto) de las estrellas, un simio golpeando con un hueso o los inconfundibles monolitos. Aunque no se haya visto 2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey) cualquiera puede reconocer las imágenes icónicas de la película de Stanley Kubrick, aún hoy en día considerada por muchos como la mejor de ciencia-ficción.

Una de las claves de su éxito, incombustible al paso del tiempo, es que dejaba más preguntas e incógnitas que respuestas. ¿Soporífera u obra maestra? es otro de los debates que siempre la han acompañado desde su estreno hace 50 años, desde sus primeros pases en primicia, el 2 de abril en Washington, el 3 en Nueva York y cines limitados o el día 4, y por todo lo alto, en Los Angeles (a España llegaría a mediados de octubre). Para conmemorarla, Christopher Nolan presentará una copia en 70 mm en el próximo Festival de Cannes.

Kubrick había estrenado cinco años antes otra obra maestra, la comedia ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú (1964). Con 2001 pasaba a otro nivel, y a un género totalmente distinto. Era un desafío intelectual y a la vez una experiencia extrasensorial fascinante y sin apenas diálogos, con secuencias de hasta más de 20 minutos sin que se pronuncie palabra, o sin el gancho de recurrir a intérpretes conocidos.

La escena de apertura es una de las más reconocibles de la historia del cine. La Luna, la Tierra y el sol en alineación en el frío cosmos, con el tema Así habló Zarathustra de Richard Strauss de acompañamiento musical, y sobre todo la estrella solar iluminando el amanecer de la humanidad. El inicio de la vida inteligente, con los primeros primates a punto de dar el primer gran salto evolutivo de la especie.

Tomando como punto de partida el relato corto El centinela de Arthur C. Clarke, el mismo escritor y el cineasta desarrollaron un argumento y novela que, dividido en cuatro bloques, intentaba recoger la historia del ser humano, o de la vida inteligente en la Tierra, que avanzaba hacia el infinito con la aparición del feto estelar. Sugería el nacimiento de un estadio de evolución superior, más allá del tiempo y el espacio, conectado con todo el universo, y en paz y harmonía.

Metafísica y existencial, para Kubrick los grandes estudios de MGM estaban financiando, sin saberlo, la primera película religiosa que intentaba probar la existencia científica de Dios. De esta manera, el famoso Monolito puede interpretarse como la intervención de entidades extraterrestre, la del mismo Dios creador o simplemente "aquello" que en un momento determinado origina un gran progreso.

Otro de los mejores hallazgos del filme era una de sus subtramas, la de la inteligencia artificial con la computadora HAL 9000, un acrónimo de "Heuristically Programmed Algorithmic Computer" (aunque durante tiempo existió la teoría de que se inspiraba en las siglas de IBM, las letras del abecedario anteriores de la empresa multinacional tecnológica).

'2001' y un gran salto para el cine

HAL era el cerebro de la nave Discovery One en la que también viajaba el doctor David Bowman (Keir Dullea) uno de los principales protagonistas humanos. Víctima de un dilema sin solución y de una especie de neurosis, el punto culminante llegaría con su "desconexión" o muerte, con la entidad artificial cantando Daisy Bell, como si la máquina tuviera sentimientos y consciencia de su propia vida.

Los Óscar la tuvieron en cuenta, más o menos, nominándola a cuatro estatuillas, los de mejor dirección, guion original, dirección artística y efectos visuales. Solo ganaría este último. La ganadora en aquella edición fue el musical Oliver!, basado en la inmortal obra de Charles Dickens, y que se hizo con cinco estatuillas, entre ellas las de mejor película, director y diseño de producción.

Los premios de la Academia se entregaron el 14 de abril de 1969. Tres meses después, el 21 de julio, el astronauta Neil Armstrong pisaba por primera vez la superficie lunar, haciendo además célebre la frase: "Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad".

La perfección de la película de Kubrick incluso la hizo partícipe de la leyenda urbana que ha circulado poniendo en entredicho la veracidad de ese hecho histórico. Se especuló con que todo hubiera sido un montaje de los Estados Unidos, para anticiparse en la carrera espacial con Rusia. Algunas versiones aseguraron que el mismo Kubrick, por encargo del gobierno, lo habría rodado utilizando decorados de 2001.

Un presupuesto desorbitado y música clásica intemporal

A pesar que el presupuesto se disparó casi el doble de lo previsto, de los 4,5 millones de dólares hasta los 10,5 de la época (y de los que casi 6 se invirtieron en sus avanzados efectos especiales) y de su largo y críptico metraje, fue rentable en taquilla y más con las sucesivas reposiciones.

Entre los títulos que se barajaron estaban el de Viaje más allá de las estrellas (así anunciaban el proyecto los estudios MGM tres años antes de su estreno), La conquista del espacio o Cómo se conquistó el Sistema Solar, (una referencia al título original de La conquista del Oeste, una espectacular producción de 1962 en Cinerama. Finalmente, el título elegido remitía a la "Odisea" del célebre poema griego de Homero.

El supervisor de efectos especiales de fotografía Douglas Trumbull, que luego participaría en otros títulos inolvidables del género como Blade Runner o Encuentros en la tercera fase, aseguraría que el material rodado superaba unas doscientas veces lo que se veía en pantalla. Kubrick amoldó el montaje final de 141 minutos. Posteriormente se hallaron otros 17 minutos extra que el  meticuloso cineasta había descartado.

El director también logró imponer su idea de que la banda sonora estuviera compuesta por piezas clásicas, haciéndola más intemporal (y desechando la música que había compuesto Alex North expresamente). Otro de los temas que destacaron fue el uso del vals El Danubio Azul, también de Strauss, para ilustrar las primeras escenas espaciales, con la mayor y más celebrada elipsis de la historia del cine (de 4 millones de años), la del paso del primate a la conquista espacial.

Lo que han dicho grandes directores sobre '2001'

Christopher Nolan: "La vi por primera vez de pequeño, había visto Star Wars y quería más naves espaciales, más experiencias fuera de la Tierra. No supe de qué demonios trataba, pero me resultó impresionante". 2001 fue una de las películas que más influyeron en una de sus más conocidas obras, Interstellar (2014).

George Lucas: "Kubrick ha hecho la película definitiva de ciencia-ficción. Va a ser muy difícil para cualquier otro hacer una mejor, incluso yo mismo estoy muy lejos de sus logros". Así se pronunció el director en 1977, durante el estreno de La guerra de las galaxias (Star Wars).

Martin Scorsese: "Superproducción y película experimental desde un punto de vista visionario. Cada imagen ofrece múltiples posibilidades sobre las capacidades cinematográficas". Scorsese siempre la ha considerado una de sus películas favoritas.

Steven Spielberg: "Fue la primera obra que nos transportó al espacio como ningún otro documental, película o experiencia en IMAX lo ha hecho". Kubrick, a su vez, era también un gran admirador de Spielberg (E.T. le encantaba) y el guion que preparaba sobre A.I. (Inteligencia Artificial) quería que lo dirigiese Spielberg, como así finalmente fue. Curiosamente se estrenó en 2001 (aunque Kubrick ya había fallecido, dos años antes).