Guillermo Fesser: "El humor me sirve para hacer más llevadera mi existencia"

  • "Escribí 'Mi amigo invisible' en un momento de angustia y crisis".
Guillermo Fesser durante la entrevista
Guillermo Fesser durante la entrevista
JORGE PARÍS

¿Usted tuvo un amigo invisible?, le preguntamos a Guillermo Fesser, que acaba de publicar una novela cuyo título y tema obliga a ello: Mi amigo invisible (Espasa).

"Todos no sé, pero muchos sí; yo sí que lo he tenido", habla deprisa el periodista ex mitad de Gomaespuma, y con la misma velocidad se corrige: "En realidad es hablar en voz alta, eso es el amigo invisible. Y no te responde nadie, pero da igual".

Incluso es mejor a veces que no haya réplica, ¿no le parece? "Claro, mucho más. Es que estás comprendiendo el mundo y lo verbalizas. Parece que hay un amigo pero no lo hay, se trata de un monólogo y lo bueno es que te da igual si te escucha o si no te escucha".

Y además no hay juicio, algo que da mucha tranquilidad. "Exacto, te da igual lo que piense de ti. Es invisible", responde con el ingenio que ha movido y guiado toda su carrera. Y sin querer hace lo mismo que en su libro, piensa en voz alta: "¿Por qué no podemos hablar en voz alta por la Gran Vía sin que nos digan que estamos mal de la cabeza?".

Anticipando la pregunta es él mismo quien cuenta cómo empezó la novela: "Ha sido un proceso muy parecido al que tuve cuando escribí con mi hermano JavierEl milagro de P.Tinto, que nos salió una película que yo todavía no sabría explicar a nadie. Es imposible para mí saber de qué va esa película".

Pero desde 1998 que la hicieron hasta hoy ha habido tiempo para ello, ¿o no hay manera? "Mira, siempre dicen que uno tiene que ser capaz de contar en unas líneas a un productor en qué consiste el guion, pues yo no sabría explicarle a nadieEl Milagro de P.Tinto ni qué finalidad tiene ni nada".

Acaso sea hasta bueno, sobre todo que no haya finalidad o que si la hay no sea muy consciente: "Sí, es como con este libro, tenía la libertad de que podía decirlo todo. Estaba además cuando escribí esta novela en un momento de crisis existencial".

¿Y eso?, ¿se puede contar? "Sí, claro, acababa de mudarme a EE UU con mi familia, y pasaba de tener ya mi carrera hecha, mi hueco, a no saber ni el teléfono para pedir un taxi. No podía llamar al director de ningún sitio a ver si me daba una columna. Así que me inventaba proyectos que no cuajaban y en esa angustia de que no salía nada  me inventé un personaje apenado y puse mis sensaciones en él. Esa es la historia, y cómo en esa angustia surge el amigo invisible de la infancia que te permite pensar: si no funciona el mundo donde estoy encorsetado me invento otro. Vamos a  buscar un mundo sin corsés y por qué no un amigo que me diga que inventemos caminos que no sean los ortodoxos".

¿Fue entonces terapéutico? "Sí, usé el humor que es lo que siempre he usado y me ha servido para hacer más llevadera mi existencia, que en esos momentos era complicada".

Complicado fue también que se lo editaran: "Tardé tres años en escribirlo y luego se lo mandé a un montón de editoriales. La mitad no lo querían y los otros no contestaban. Hasta que Espasa dijo que sí, pero me pedía cambios y dije: yo paso. Al año vi que tenían razón: el libro era un despropósito, pasaban tantas cosas que no se sabía qué pasaba"

El objetivo de provocar sonrisas con la lectura parece conseguido, pero hay más, porque ha aprovechado usted para decir cosas de contrabando: "Sí, cosas que no puedo colar como periodista los he ido colocando aquí. Como que la guardia civil es el mejor cuerpo. Un alto cargo del FBI me dijo que es un ejemplo internacional, y que donde haya un guardia civil que se quite uno del FBI".

¿Cansa la obligación de ser 'gracioso'? "No, nunca me ha cansado, no hay una gran diferencia entre cómo soy yo y cómo soy cuando trabajo. Procuro usar el sentido del humor en mi vida porque me hace la vida más agradable. Se trata de en vez de tener expectativas tener ilusiones, porque con las expectativas estás frustrado todo el tiempo".

Podría decirnos cuál es la expectativa, aunque no sea mucho de tenerlas, la que menos se ha cumplido... "Sí, yo quería ser Miguel de la Quadra-Salcedo... Pero la verdad es que he sido más de intenciones que de expectativas".

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