Todo pinta de maravilla en El aviso según comienza. Dirige Daniel Calparsoro, que triunfó en 2016 con Cien años de perdón, protagoniza Raúl Arévalo, uno de los actores españoles más solventes del momento, y la trama agarra al espectador desde los primeros minutos, por extraña e inesperada (en caso de no haber leído el libro en el que se basa, claro).

En 2008, Jon, un joven obsesionado por las matemáticas, empieza a investigar el asesinato de su amigo, que parece estar relacionado con una serie de misteriosas muertes que se repiten a lo largo de los años en el mismo lugar y que parecen tener un patrón común. En 2018, Nico, un niño de 10 años, recibe una carta que le avisa de que va a morir. Entre ambas historias hay un vínculo, ¿cuál?

Ahí está la clave de El aviso, en despertar y mantener la intriga por un misterio que pronto se vuelve surrealista e inexplicable. Y lo consigue, engancha, pero no tanto por su supuesta genialidad como por la curiosidad de ver cómo el director y los guionistas intentan resolver una trama de difícil solución.

Por desgracia, a medida que pasan los minutos, uno comienza a sentirse como aquel espectador de la sexta temporada de Perdidos que ya ha abandonado casi todas las esperanzas de que se dé una explicación plausible al insólito planteamiento.

Efectivamente, el cierre falla estrepitosamente (no haremos spoilers) y mancha todo lo bueno del metraje, que algo hay. La idea principal del desenlace, extraída del libro, puede pasar –si aceptamos que jamás nos van a detallar por qué sucede todo lo que sucede–, el giro más o menos inesperado funciona, pero el acto ultimísimo es poco menos que absurdo, algo así como si la gran hazaña del héroe en el clímax de una película de aventuras fuera decirle a su compañero y amigo en peligro "cuidado, no te caigas por el barranco" (sabiendo ya además el amigo que corre el riesgo de caerse).

Antes, por el camino de la extrañeza, ideas buenas se diluyen en clichés de género y se juega al despiste con elementos desconcertantes como la polilla que se ha utilizado para promocionar el filme (muy similiar a aquella de El silencio de los corderos). Su función y la de otros insectos que aparecen en la película es bastante accesoria y menos relevante de lo que pudiera parecer en un principio. Tienen un sentido, sí, pero cualquier otro recurso habría tenido más lógica. Lo más probable es que se haya buscado un golpe de efecto sin más.

Ni siquiera el fantástico reparto logra levantar esta endeble estructura. Raúl Arévalo interpreta a un tipo serio, siempre cariacontecido, que tiene reacciones en ocasiones forzadas y otras veces totalmente inexplicables. No es su mejor papel.

Mejor funcionan, en papeles secundarios, Aura Garrido y Belén Cuesta, reina de la comedia que demuestra aquí que también puede ser una gran actriz de drama.

Más interesante aún es el trabajo del prometedor Hugo Arbúes, el niño de la segunda línea argumental del filme y, con diferencia, el personaje más creíble de todos. Sorprende la introducción aquí de una subtrama de bullying que poco tiene que ver con el argumento principal, pero dados los agujeros, carencias e incoherencias del filme, eso ya es lo de menos.

La idea de un thriller con toques de Más allá del límite, Cuentos asombrosos o el largometraje animado Your name parece una buena ocurrencia de tremendo potencial, pero El aviso demuestra que de nada sirve tener buena materia prima si no se es capaz de trabajarla con maestría y darle una bella forma al producto final.