Recogida de la trufa
Recogida de la trufa DPH

Después de todas las acciones realizadas durante la campaña trufera que ahora termina, la responsable de Iniciativas de la DPH, María Rodrigo, ha dicho que la convocatoria de subvenciones está pensada para ampliar la actividad trufera y hacer más productivas las plantaciones existentes que en este momento superan las 1.500 hectáreas. De manera que, ha explicado, "sirvan de soporte a los truficultores que ya se dedican a producir la tuber melanosporum, pero también se trata de facilitarles las cosas a aquellos que estén pensando en dar el paso".

La convocatoria contempla por tanto dos modalidades de ayuda. La primera se centra en el establecimiento de nuevas plantaciones donde las especies a utilizar serán encina o roble inoculadas con trufa negra a razón de 200 ó 250 plantas por hectárea. La segunda línea se dirige a la mejora de plantaciones existentes mediante la instalación de un sistema de riego en las parcelas.

Para la petición de estas ayudas es importante conocer qué gastos pueden ser subvencionables, entre los que se encuentran las inversiones en la instalación de cercados, sistemas de riego, así como de los trabajos, maquinarias y herramientas aportadas.

En las bases se contempla como cuantía máxima los 20.000 euros por solicitante, que son fundamentalmente personas físicas o jurídicas, pero también pueden ser ayuntamientos de la provincia que sean titulares de derechos de propiedad o usufructo sobre tierras.

MÁS DE 340.000 HECTÁREAS

La investigación que existe en este ámbito realizada por el CITA junto con la Universidad de Zaragoza, en colaboración con el Centro de Experimentación e Investigación en Truficultura de la DPH y los truficultores altoaragoneses ha puesto de manifiesto una muy buena aptitud trufera en la provincia de Huesca, con más de 340.000 hectáreas de zonas óptimas o buenas.

Los resultados al detalle de toda la provincia son: zonas óptimas 151.300 hectáreas (10%), zonas buenas 195.800 ha (12%) y zonas de aptitud baja 60.300 (4%). Los criterios que se tienen en cuenta son la altitud, pendiente, y orientación, las temperaturas y precipitaciones medías, máximas y mínimas según los meses del año y los parámetros edáficos de pH, caliza, textura y materia orgánica. Además de la vegetación, litología y cultivos y usos del suelo, entre otros.

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