Alba Cuevas, Nadia Ebrahim y Alícia Rodriguez.
Imagen de Alba Cuevas, Nadia Ebrahim y Alícia Rodríguez. MÉLINA ZAFIROPOULOS

Nadia Ebrahim tiene un padre egipcio y una madre catalana y desde pequeña ha vivido expuesta al racismo. Le decían que su padre, por el simple hecho de ser árabe, era un terroristaque iba a acabar atentando contra sus propios hijos y que era un peligro.

Su situación fue empeorando cuando se casó con un senegalés. Adoptaron a un niño de Mali, su hijo, que hoy tiene 5 años, y tuvieron una hija biológica mestiza. A partir de ahí empezaron los disgustos raciales de manera recurrente: "Mucha gente me pregunta por qué he escogido un novio negro si tenía la posibilidad de casarme con un blanco o si mi hijo adoptivo ha sido más barato porque es negro" ha explicado Nadia este miércoles durante la presentación en Barcelona del informe de Sos Racisme (In)visibles. El estado del racismo en Cataluña 2017.

El documento arroja, según la directora de la entidad, Alba Cuevas, una situación "flagrante por la falta de actuación y compromiso de las instituciones públicas a darles respuesta" que se traduce en 485 denuncias por racismo en Cataluña recogidas por la entidad el año pasado de las que 327 son causas nuevas y el resto expedienres abiertos que siguen su curso.  Entre las causas nuevas 213 son de racismo y de ellas el 57% (122) no han sido denunciadas por lo que Sos Racisme no ha podido actuar.

Las 91 situaciones restantes son los casos de racismo nuevos asumidos este año, 34 considerados como delito de odio a nivel internacional y el resto se resuelven por otras vías que no son penales.

Una vida de pesadilla

Nadia sí que ha denunciado este miércoles públicamente su via crucis diario, en el que gente que forma parte de su entorno, o no, se permite comentarios desagradables y despreciables hacia la bi-racialidad de su familia. "Me han rechazado una solicitud de alquiler cuando han visto mi foto de Whatsapp con mis hijos negros", ha declarado la mujer, antes de añadir otra triste anécdota: "También me han preguntado si no tenía miedo de que mi marido islamice a mis hijos".

Esta familia multicultural y multireligiosa tampoco fue bienvenida en el entorno familiar de Nadia. Y aquí es donde empieza la verdadera pesadilla. La familia se mudó al lado de la casa de su tío materno. Un hombre profundamente racista que les hizo la vida imposible durante más de dos años. "Al principio, solo atacaba a mi marido y a mi. Después empezó con mi hijo", ha dicho la joven madre.

Los actos de odio del tío de Nadia consistían en tirar piedras a las ventanas de la familia, escupir a la cara del marido, destrozarles el coche, reírse de ellos haciéndoles gestos propios de gorilas, fingir apuntarlos con un arma...

Y no termina aquí. También ha enterrado un cerdo en el patio de Nadia y ha dejado otro en su portal, con una rosa en la boca, el día de Sant Jordi. Hace falta precisar que el marido de Nadia es musulmán y que, por lo tanto, no come cerdo.

Mi tío le llamaba a mi marido "mono" y a mi hijo "monito"

Por otra parte, el tío les insultaba. "Nos decía: "que mal huele hoy", "oléis a cerdo", "ríete, negro de mierda, que estás muy serio", llamaba a su marido "mono" y a su hijo "monito" ha detallado la mujer. A pesar de todo esto, Nadia y su marido lo invitaron a su boda, por respeto. Su respuesta a la invitación fue la siguiente: "Yo no iría nunca a una boda de piojosos".

Cuando la pareja decidió denunciar al hombre, él provocó el despido laboral del marido de Nadia. "Contactó con el jefe de mi marido para decirle que lo habíamos denunciado, por consiguiente, el jefe se puso en contacto con mi marido y le dijo que era mejor que dejase el trabajo porque él no quería problemas" ha relatado Nadia.

Terapia de familia

Nadia y su familia tuvieron que contactar con un psicólogo de la Generalitat para empezar una terapia colectiva. "Teníamos que explicarle a mi hijo lo que era el racismo. Él no entendía las consecuencias porque no le pasaba nada al tío, venía la policía pero no se lo llevaban" ha confesado la madre.

El hijo de Nadia ha sufrido retrasos en el crecimiento. "Moralmente, hemos vivido un infierno" ha dicho la mujer. Lo único que han conseguido Nadia y su familia, presentando pruebas y grabaciones, fue una orden de alejamiento del tío que dura desde 2016.

Este caso, Nadia lo denunció al SAID (Servei d'Atenció i Denúncia per a Víctimes de Racisme i Xenofòbia) en 2014, cuando empezó el acoso de manera cotidiana. Esta entidad social cumplió 25 años en 2017.

Denuncias con cuerpos policiales

Legalmente, los actos de motivación racista, xenófoba o discriminatoria están contemplados por el código penal (artículo 512). No obstante, la vía penal queda reducida tras la ley de despenalización de los insultos, lo que provoca una "situación de frustracióneflagrante de las personas que sufren racismo, sobre todo por la falta de actuación y de compromiso de las instituciones públicas" ha asegurado Cuevas. 

De esta manera se genera desinterés por las denuncias racistas por parte de las víctimas por varios factores como la falta de herramientas de respuesta o la sensación de desconfianza hacia el sistema sobre todo cuando son agredidos por la propia policía. Sin embargo, los datos revelan que en 2017 un 34% de las denuncias se hicieron a la Guardia Urbana, un 30% a los Mossos d'Esquadra y un 11% a la Policia Nacional. Un 23% son conflictos entre particulares, una situación también muy recurrente.

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