A principios de marzo se cumplieron once años de la desapareción del menor Yéremi Vargas. Tenía 8 años y se le perdió la pista cuando jugaba en un solar al lado de su casa.

Allí, junto a sus primos, disfrutaba del regalo de su abuelo, pero a la hora de comer, se quedó solo.

Once años después, el único sospechoso del caso, Antonio Ojeda, que lleva en prisión cinco años por abusar de un niño, saldrá libre en junio.

"Imagínense... Que la madre de Yéremi vaya a comprar el pan y lo vea allí...", dice Jessica Santana, tía del pequeño.

A pesar de que Ojeda, más conocido como el Rubio, ha repetido en numerosas ocasiones que él no conocía a ese niño de nada, el día de la desaparición del pequeño un testigo dijo haber visto un coche circulando por el solar, muy parecido al que tenía Ojeda, un Renault blanco con una pegatina de palmeras.

Además, dentro de prisión, dos compañeros reclusos del Rubio aseguraron que este comentó que sabía de la desaparición del pequeño. Sin embargo, nada de esto es suficiente, por lo que el sumario contra él se ha archivado judicialmente por falta de indicios sólidos.

Llevarlo a juicio, dice el magistrado, "arrojaría un fallo no condenatorio y con ello quedaría el caso sepultado para siempre". Es por eso que han decidido cerrarlo, aunque se puede volver a abrir en cualquier momento con pruebas firmes, por lo que a nivel policial sí sigue investigando.

Es a esto a lo que se aferra la familia, que quiere volver a peinar la zona del barranco de Tirajana. "Este individuo (el rubio) procede de aquí, por lo tanto conoce bien este lugar. ¿Quién me dice a mí que después, posteriormente, de las batidas, moviera algo, hiciera algo...?", dice el padre de Yéremi, Juan Francisco Vargas. 

Once años sin noticias del pequeño y la familia continúa luchando: "Yo no puedo descansar sabiendo que mi hijo está por ahí", dice Ithaisa Suárez, la madre. Además, la tía vuelve a hacer un llamamiento "a esa persona que pudo haber visto algo y que no lo dice porque le da miedo u otra cosa..."

"Cuando está lloviendo y hace un frío impresionante, me digo... ¿Estará pasando frío? ¿Lo estará mojando la lluvia? Cuando me estoy comiendo un plato de comida... Me pregunto, ¿Tendrá hambre? ¿No tendrá hambre? Y así con todo..." concluye el padre del pequeño que, al igual que toda la familia, solo quieren terminar con esta incertidumbre que hace once años les paró el tiempo. 

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