Instalación 'La campana hermética' de Francesc Torres
Vistas de la exposición "Francesc Torres. La campana hermética. Espacio para una antropología intransferible", 2018. Foto: Miquel Coll. En el MACBA hasta 11 de septiembre.  MIQUEL COLL

Su obra ha sido muy poco difundida en nuestro país, quizás porque Francesc Torres (Barcelona, 1948) ha desarrollado la mayor parte de su carrera fuera de él: en los años 60 trabajó en París con el escultor de origen polaco Piotr Kowalski,; luego durante tres décadas, de 1972 a 2002 en Estados Unidos, a lo que hay que añadir un periodo intermedio de dos años en la década de los 80 instalado en Berlín.

A pesar de ser poco conocido para el gran público, Torres es uno de los pioneros del lenguaje de la instalación multimedia, formato que le ha servido para reflexionar seriamente sobre la cultura, la política, la memoria y el poder. Puede decirse que sus trabajos se han situado a caballo de dos posiciones. Por un lado, ha utilizado el espacio de las instituciones culturales como vehículo para sus análisis políticos e ideológicos. Y por otro, su trabajo es toda una declaración de intenciones sobre el artista como artífice para cambiar la realidad.

Una década después de Da capo, la retrospectiva que el MACBA le dedicó y por la que recibió el Premi Nacional d'Arts Visuals (2009), Francesc Torres vuelve al museo con un proyecto que podría definirse como el más íntimo y personal de toda su carrera. Se trata de La campana hermética. Espacio para una antropología intransferible, una instalación a medio camino entre un inventario de pertenencias y la antropología en la que reúne, nada más y nada menos, que 3.500 objetos, documentos, juguetes y materiales diversos que el artista ha ido recopilando a lo largo de su vida.

Todos ellos han sido y son materia prima para sus trabajos y ponen de manifiesto el potencial de estos objetos para provocar la inspiración. "El conjunto invita al visitante a introducirse dentro del cerebro del artista y navegar por su imaginario. Se trata de hacer evidentes y exponer a la luz pública aquellos sedimentos de memoria, aquellos desencadenantes de pensamiento crítico, aquellos objetos testigos de vivencias intransferibles del artista que constituyen un documento antropológico", dice el museo.

Como antesala, dando la bienvenida a los espectadores, una pintura de Santiago Ydáñez realizada a partir de una de las fotos de la Conferencia de Yalta de 1945 y que incluye un retrato de Francesc Torres, pese a no haber nacido aún, junto a Molotov y Stalin.

Instalada en la torre del edificio de Richard Meier, La campana hermética se convierte en la primera piedra de un proyecto muy especial del artista. Esta pieza será donada a la colección del museo y es voluntad Torres que una muestra representativa de toda su obra y documentos pasen a manos del Museu d'Art Contemporani de Barcelona, en un futuro.