James Fernández, con un ejemplar de su libro.
James Fernández, con un ejemplar de su libro. JORGE PARÍS

Licenciado en Literatura Española por la Universidad de Princeton, James Fernández es actualmente catedrático de la Universidad de Nueva York. Lleva años recorriendo el mundo para reescribir, gracias a fotografías familiares y entrevistas, buena parte de la historia de España. 

En el libro del que es coautor, Inmigrantes invisibles, ilustra la huella que dejaron en Estados Unidos los emigrantes españoles entre 1868 y 1945, con la ayuda de la embajada de USA en España, que colabora subvencionando el proyecto. 

En los testimonios de las familias que visita Fernández hay esperanza, esa con la que partieron de España anhelando encontrar algo mejor.  Hay vidas dedicadas al trabajo, españoles unidos independientemente de su comunidad autónoma y una lucha para labrarse méritos en el país de las oportunidades. 

Solo a Hawái emigraron en el año 1910 8.000 españoles -la mayoría de ellos, andaluces-, con la promesa de una vivienda y un trabajo "bajo el atractivo clima de las islas". No todos encontraron lo que esperaban, pero muchos de los que partieron no regresaron y, actualmente, sus familiares continúan viviendo en el país.

Su libro se llama Inmigrantes invisibles, ¿por qué esa invisibilidad en la emigración española? Es una cuestión que llevo años pensando y trabajando. Invisibles porque en España es una historia bastante desconocida, también porque los que llegaron se asimilaron rápidamente a la sociedad estadounidense, desapareciendo sus notas distintivas. Invisibles porque el estadounidense medio cuando piensa en lo hispano no piensa en España, piensa en Puerto Rico o México. Los españoles son una gota en comparación con otras oleadas. 

¿Se estudió más la inmigración de otros países a Estados Unidos que la española? Sí, mucho más, y por motivos legítimos, porque comparados con los italianos, por ejemplo, eran pocos españoles allí. Los españoles llegaron en muy grandes números a las Américas, pero la gran mayoría fueron a países de habla hispana. Un pequeño capítulo de esa gran diástola es la que acaba en Estados Unidos, algunos después de pasar por Latinoamérica.

Usted fue recorriendo diferentes zonas del mundo buscando descendientes de personas que se fueron de España a EE UU. Por las historias que ha conocido, ¿cuál era el perfil medio de españoles que decidía emigrar? Era gente en general muy humilde, gente pobre, que buscaba oportunidades. Existe la idea equivocada de que los que emigran son los más pobres. Históricamente no es cierto, los más pobres no tienen los recursos ni las capacidades. Precisamente los que emigran están una capa o dos por encima del fondo.

Pero este fenómeno es de campesinos y de obreros industriales muy poco capacitados, y esto es importante, porque hoy en día en Estados Unidos están hablando mucho de regular la emigración a base de los méritos que tiene una persona, y así decidir si puede entrar o no. Según este criterio, no entraría ninguno de estos españoles a Estados Unidos hace 100 años, porque no tenían méritos, los consiguieron después, con su tesón y carácter. Tienen méritos, pero son méritos en potencia.

¿Viajaban a EEUU gratuitamente? ¿Y qué condiciones se les ofrecía una vez allí? Según algún cartel de reclutamiento que hemos recuperado, el pasaje era gratuito y se les ofrecía vivienda, escuela, atención médica en casos de urgencia... Hablan incluso de que les darán la leña que necesitan para cocinar y  un sueldo –que dependía de la edad de las personas–.

¿Y quién solicitaba esta inmigración? ¿Por qué interesaba que hubiera españoles en Hawái o en ciertos puntos de Estados Unidos? El caso de Hawái es bastante particular.Los dueños de las plantaciones de cañas de azúcar querían obreros blancos y europeos para repoblar las islas de Hawái, en un intento racista de blanquear la población. Se hicieron campañas en varios países europeos, fueron muchísimos portugueses, y tuvieron gran influencia en la cultura de Hawái. Por ejemplo, la gente no sabe que el ukelele típico de las islas es realmente un instrumento portugués. Tampoco se sabe que la caña de azúcar se cultivaba en Málaga y Granada, por eso querían campesinos españoles con experiencia en estos trabajos. La situación económica en España estaba tan mal que se apuntaba incluso gente muy alejada de las cañas, como los de Zamora, porque parecía tan apeticible la oferta del cartel...

Pero, ¿no encontraron todo lo que se les prometía? Exacto, la gente se expresa con los movimientos, y de los 8.000 que fueron, 6.000 dejaron Hawái, lo que indica que algo no funcionaba, o que pensaban que les iría mejor en California, que es donde fueron casi todos.

¿Qué quedó de la cultura española en la cultura local? He hecho un viaje a Hawái preguntándome lo mismo, y allí es muy difícil contestarlo porque se quedaron pocos españoles. Además es un lugar con una diversidad tan rica y tan compleja que no distinguen mucho de la procedencia de sus hábitos y costumbres. Pero en California hay una conciencia muy clara de la herencia española en muchas familias, se nota principalmente en la comida y en la música. La lengua no, en EE UU el idioma muere en dos generaciones.

Otro fenómeno importante que ha estudiado es la guerra civil. Con este episodio en la historia de España, ¿volvió a aumentar la emigración a Estados Unidos? En realidad no, pero en este proyecto la guerra civil ocupa un lugar muy importante como el acontecimiento histórico que llevó a los que estaban ya en Estados Unidos a decidir no volver nunca a España. Casi todos cultivaban el sueño de volver algún día, pero cuando ves que tu país se destroza en una guerra tan terrible, todo cambia. Además, la mayoría de los emigrados eran republicanos.

Hubo un exilio republicano a Estados Unidos, pero bastante pequeño, intelectuales más que nada. Hay algunas historias que me interesan mucho, son las de gente que busca exilio en la guerra civil reclamados por sus parientes, que llevaban años ya en el país.

¿Es posible que se repita la historia? Desde el comienzo de la crisis hay muchísimos españoles en Estados Unidos, lo que pasa es que es una población muy formada. Buscan igualmente oportunidades, pero empezando a un nivel más alto.

Hemos visto que este proyecto resuena mucho con ellos, genera mucho interés entre esta generación de jóvenes españoles que no sabían que tenían precursores, pensaban que eran los primeros que iban a Estados Unidos y resulta que no, había decenas de miles que habían ido antes.

Quizá se creía que la mayoría de emigrantes españoles salían del norte, y usted ha estudiado otros puntos más olvidados. Sí. Es cierto que la mayoría pertenecía a la cornisa cantábrica, pero había emigrantes de toda la península y convivían todos juntos. Esto siempre se ha estudiado mirando una comunidad autónoma concreta, y son interesantes los lazos que mantenían todos los españoles.

En la península, un extremeño y un gallego no tienen mucho en común, pero en Nueva York lo tienen todo. Hay personas que siendo asturianos, por ejemplo, se sienten más cerca de La Habana que de Madrid porque tienen parientes allí. Viviendo aquí, la vinculación con España es bastante precaria. Pero llegas a Nueva York y buscas a gente que hable tu idioma, y por la ciudad encuentras yuxtaposiciones que aquí no encontrabas: un restaurante en el que conviven la paella valenciana y las migas manchegas. Muchos empezaron a sentirse españoles en la inmigración, y eso es fascinante.

¿Había diferencias en cuanto a las funciones a las que se destinaban los españoles según su comunidad autónoma? Es un poco complicado. En general sí que tenían que ver, los mineros de Huelva encontraron trabajo en minas e instalaciones siderúrgicas en Estados Unidos, pero luego hay otros casos en los que el oficio no se ha exportado. Los asturianos destacaban en la fabricación de puros y no había experiencia previa en ese campo. 

Con lo que usted ha estudiado de la influencia de la inmigración española en Estados Unidos, ¿qué cree que podrían suponer las políticas migratorias de Donald Trump actualmente?El gran experimento de EEUU ha sido precisamente ofrecer oportunidades a muchas personas para ver qué pueden hacer. Querer escoger a los que ya han demostrado méritos me parece un error.

Esta gente era muy humilde, de poca formación profesional e intelectual, de una gran decencia humana con una gran ética de trabajo. Si hubiera existido un filtro de meritocracia, ninguno de estos señores habría entrado nunca a Estados Unidos, porque aquí no habrían tenido la oportunidad de demostrar nada.