Dulceida
Aida Domenech, Dulceida, presenta la colección de gafas de sol 'Miss Dulceida x sunglasses. GTRES

Mucha gente quiere convertirse en famoso gracias a Instagram. Los denominados influencers no necesariamente tienen que ser celebrities, simplemente gozar de credibilidad entre miles de personas en las redes sociales.

Winter, who? ☀️

Una publicación compartida de Lissette Calveiro (@lissettecalv) elFeb 17, 2018 at 3:21 PST

Por este motivo, las empresas se ponen en contacto con ellos para que se vuelvan prescriptores de sus productos o servicios: cosmética, moda, viajes, hoteles, restaurantes... escogen a aquellos influencer que se ajustan mejor al perfil de usario al que se quieren dirigir.

A cambio, les pagan una cantidad de dinero y, de esta forma, el influencer habla bien de la marca en sus redes sociales. Bien con fotos, stories o vídeos en su canal de Youtube. Se ha convertido en la 'profesión' del siglo XXI, pero no todos consiguen entrar en el negocio.

Lissette Calveiro, una joven de 26 años, es un ejemplo de lo que sucede cuando quieres vivir como una influencer y te quedas por el camino. Se mudó en 2013 de Miami a Nueva York. ¿Y qué hizo? Comenzó a pagar cosas, usando sus tarjetas de crédito. Muchas cosas. Calveiro estaba totalmente cautivada por las vidas aparentemente perfectas que veía en las redes sociales.

Su derroche la llevó a acumular una deuda de más de 10.000 dólares (unos 8.000 euros) solo en tarjetas de crédito. Se permitía caprichos de marcas de lujo como carteras Louis Vuitton de 1.000 dólares (800 euros), cenas en restaurantes de moda o viajes a todo trapo a las idílicas Bahamas y Las Vegas. La mayoría de las escapadas que hizo durante 2016 fueron estrictamente para subir fotos de postureo a Instagram.

"Gasté 700 dólares (569 euros) en un viaje de ida y vuelta a Texas para ir a un concierto de Sia", recuerda.

"How 'bout that ride in?"

Una publicación compartida de Lissette Calveiro (@lissettecalv) elMay 7, 2017 at 10:46 PDT

Un estilo de vida no apto para todos

"Los influencer publican fotos de sus vacaciones de lujo con ropa estupenda, así que quise imitarles. Gran parte de mis gastos eran en estilo de vida, ropa, salir a comer a restaurante chulos...", explica.

Muchos millennials sienten "esta presión", como dice Calveiro, y la mayoría no tiene presupuesto para seguir este ritmo de vida. "Usaba varias tarjetas de crédito por lo que no llevaba un registro del gasto que estaba acumulando", comenta. Cuando se le acabó el crédito en las tarjetas, tuvo que buscar un trabajo a tiempo parcial para mantener su ritmo de vida.

Después de muchos esfuerzos, la joven ha conseguido pagar su deduda y ha regresado a las redes sociales, pero esta vez manteniendo al día sus finanzas.

Ahora, solo espera que lo que le sucedió a ella sirva para disuadir a otras personas. Que la gente entienda que no vale la pena endeudarse para mostrar en las redes sociales un estilo de vida que es irreal.