Es una de las bebidas más consumidas del mundo, así que decir que el café está de moda suena bsatante absurdo. Pero sí es vedad que el denominado "café de especialidad" es desde hace ya tiempo una tendencia al alza. En las grandes ciudades proliferan los locales especializados en los que poder tomar un buen café que, eso sí, suele ser bastante más caro de lo habitual.

Y es que, por mucho que insistamos en mirarnos el ombligo, España no es un país especialmente cafetero ni en lo que respecta a cantidad consumida ni en la calidad media. De hecho, el terrible café torrefacto -tostado con azúcar- es algo que no se concibe en la mayoría de países, pero que por aquí todavía se estila e incluso algunos defienden.

De todo esto hablamos hace unos días en nuestra colaboración en el programa Torres en la Cocina repasando algunas de las nueva variedades de café que poco a poco se empiezan a hacer un hueco en nuestro lenguaje (latte, flat white...), aunque la verdad es que nos sigue pareciendo que el sistema que usan en Málaga es el mejor del mundo para pedir exactamente el tipo de café que queremos.

Pero nada mejor para empezar a practicar como baristas caseros que probar a hacer espuma de leche para nuestros cafés. Sí, con esa mini batidora de IKEA que hay en muchas casas también se puede conseguir, pero posiblemente lo que menos gente sepa es que con una cafetera francesa -sí, ese trasto que siempre se usa como tetera-, el resultado es mucho mejor.

A partir de ahí sólo nos queda practicar un poco para dibujar un corazón o unas flores sobre nuestro bonito café. Seguro que os queda mejor que a nosotros en la tele, aunque eso es fácil.