La vanidad, como las clases sociales, es casi tan antigua como el ser humano. En la actualidad estamos acostumbrados a que famosos y personajes de alta cuna y condición posen en plan divino en reportajes fotográficos para revistas y periódicos o en programas de televisión, pero antes de que todos ellos se instalaran en nuestras vidas, el retrato era el mejor vehículo que un ser pudiente tenía para demostrar (y fardar) de estatus social.

De esto trata precisamente High Society, la exposición que acaba de inaugurarse en el Rijksmuseum de Ámsterdam y que rescata más de 35 retratos a tamaño natural de la alta sociedad de antaño: poderosos príncipes, excéntricos aristócratas o, sencillamente, ricos personajes, realizados por grandes de la pintura como Cranach, Veronese, Velázquez, Reynolds, Gainsborough, Sargent, Munch y Manet.

Esta es la primera vez que se dedica una muestra a este tipo de retratos, realizados a escala real y donde los personajes aparecen de pie y de cuerpo entero. La selección abarca cuatro siglos de historia, desde principios del siglo XVI al comienzos del siglo XX, y demuestra que podían adoptar distintas formas (retrato oficial, pendants o parejas de boda, retrato histórico...) y cumplir también diversas funciones como anunciar alianzas familiares, celebrar la belleza del modelo o representar el estatus social y político.

Un valor añadido es que gracias a este recorrido podemos admirar los distintos atuendos de cada época, desde el jubón y los pantalones de corte ajustado de 1514 hasta la alta costura de finales del siglo XIX.

Entre las obras seleccionadas se encuentran los que podrían ser considerados unos de los primeros retratos de este formato: Enrique el Piadoso, duque de Sajonia y Catalina, condesa de Mecklemburgo, firmados por Lucas Cranach el Viejo (1514). El recorrido continúa por uno de los primeros ejemplos de la pintura italiana, el Retrato de un hombre de Moretto da Brescia (1525) y la primera pareja conocida también en Italia, Iseppo da Porto y su mujer Livia Thiene de Veronese (1555).

Los restantes cuadros de los siglos XVI y XVII muestran el desarrollo de este formato en otros países como Alemania, Inglaterra o España, de la mano de maestros de la pintura como Giovanni Battista Moroni, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, Sir Anthony van Dyck, Frans Hals (su único retrato en este formato) y, por supuesto, Rembrandt. De hecho, sus espectaculares retratos de boda de Marten Soolmans y Oopjen Coppit son los principales reclamos de la exposición. El matrimonio es la única pareja que pintó el holandés a escala real (1634) y se exhibirán por primera vez desde su restauración como antesala del Año Rembrandt que se celebrará en 2019.

La última parte de la exposición se centra en Gran Bretaña durante el siglo XVIII, donde el Grand Manner (Gran estilo) del retrato pictórico vivió su apogeo a manos de pintores como Thomas Gainsborough y Sir Joshua Reynolds. Y en los siglos XIX y principios del XX, se hace hincapié en el París de la Belle Époque, con ejemplos de Portraits en Pieds firmados por Edouard Manet, John Singer Sargent y Giovanni Boldini; así como el retrato de Walther Rathenau, de Edvard Munch (1907).