Manifestación feminista del 8 de marzo de 2018 en Madrid
Manifestación feminista del 8 de marzo de 2018 en Madrid. EFE

En los últimos días una viñeta se ha vuelto absolutamente viral. En ella aparecen un hombre y una mujer conversando. Él le dice a ella: "No entiendo por qué hacéis huelga". Ella le responde: "Por eso la hacemos".

Lo más relevante del ocho de marzo de 2018 ha sido precisamente la huelga feminista. La primera de la historia de España. Después de décadas reivindicando algo tan democrático como la igualdad social de las mujeres y los hombres —nosotras solas, en nuestro tiempo libre y en manifestaciones vespertinas— ha tenido que ser un paro laboral de 24 horas (y los parciales de dos horas) en las empresas y sectores más variados de la economía lo que ha lanzado a las españolas a la vanguardia del movimiento feminista internacional.

Más allá de cifras, este jueves 8 de marzo, día internacional de la mujer, España se ha subido a la cresta de la cuarta ola feminista, esa en la que las mujeres de hoy aspiran a conquistar la parcela de poder y prosperidad económica que les corresponde como mitad de la población, en igualdad de condiciones. Por tanto, sí parece que el resorte ha podido ser un hartazgo compartido por tantas mujeres al comprobar cómo no importa lo formada que se esté, ni las muchas horas que se trabajen o multitareas que se asuman todas perciben la existencia de un tapón exclusivamente femenino.

Las periodistas, se ha dicho, han sido especialmente relevantes en la movilización de este año. La explicación es dual. En un sentido ellas sufren como cualquier otra mujer la brecha salarial, según la cual sus compañeros cobran más por el mismo trabajo y el techo de cristal, porque no promocionan a puestos de responsabilidad en los medios como sus compañeros. Pero además están más al tanto de las desigualdades que sufren las mujeres, porque son las especialistas que informan en violencia de género, en educación, sanidad, infancia o dependencia. En un número sorprendente, 8.000, firmaron un manifiesto sectorial por la igualdad real 'Las Periodistas Paramos', mayoritariamente hicieron de altavoz de la huelga y el 8 de marzo decidieron colgar sus bolis, grabadoras, micrófonos o cámaras para unirse a la marea feminista.

La transversalidad, generacional e ideológica (pese al tropiezo inicial de algunos partidos políticos y sindicatos que no vieron la ola venir) ha sido la característica más celebrada de esta exhibición feminista española. Esa es una condición 'sine qua non' para que un movimiento sea tan multitudinario. Eso es cierto. Sin embargo y aunque se dieron cita en las calles mujeres (y hombres) de todas las edades, de nietas a abuelas, sería un error no resaltar el enorme papel protagonista de una generación que se encuentra actualmente entre los 30 y los 40 años, mujeres que se han formado en igualdad de condiciones que sus coetáneos y que ahora 'surfean' abrazando la causa feminista por primera vez en sus vidas para exigir igualdad de oportunidades.

La elección de una protesta tan contundente como es una huelga no gustó a muchas personas, principalmente a los hombres como el de la viñeta cuyo discurso es que las mujeres son, por defecto, exageradas. Hombres que, al menos ahora, gracias al paro laboral, han sabido que sus compañeras de oficina ni promocionan igual, ni cobran lo mismo. La huelga de 24 horas, apoyada por muchas más mujeres de las que pudieron hacerla efectiva, fue el gran hecho diferencial del 8 de marzo de 2018, una jornada absolutamente triunfal para el feminismo español.