Alejandro Garmendia. La cinta de Moebius (Moebiusen zinta), 2007-2009.
Alejandro Garmendia. La cinta de Moebius (Moebiusen zinta), 2007-2009. Impresión digital. 200 x 402 cm. Colección Kutxa Fundazioa. © Argazkia / Foto: Juantxo Egaña. ALEJANDRO GARMENDIA

Decía Alejandro Garmendia (1960-2017) tan solo un año antes de morir en declaraciones al Diario Vasco que el surrealismo seguía siendo el movimiento que más le atraía. Uno de sus artistas de referencia era Giorgio de Chirico: "De Chirico siempre está muy presente en mi arte, tantos sus cuadros como sus escritos. Su imaginería es muy especial", explicaba.

Y lo cierto es que la suya también lo era. Inquieto por naturaleza, este artista donostiarra -desconocido para el gran público- se dejó tentar por muchas disciplinas y en todas ellas plasmó la marca de la casa: una extraña mezcla entre referencias reales e imaginarias repletas de ironía, sátira y, sobre todo, melancolía.

Aunque principalmente se dedicó a la pintura y el collage, también experimentó con las artes gráficas, el cómic y el vídeo, la creación musical en registros diversos –desde la acción preformativa de signo dadaísta hasta la creación sonora de base electrónica- y la narrativa. Lo que no varió, sin embargo, fue su interés creciente por los paisajes, a los que dio vida de muy distintas formas a lo largo de su carrera.

Sander, que así le conocían sus amigos, recibe ahora un merecido homenaje en la sala Kubo-kutxa de su ciudad natal cuando se cumple un año de su muerte. Allí bajo el título Alejandro Garmendia. Paisajes, enigma y melancolía se muestran hasta el próximo 27 de mayo más de 100 obras entre óleos, técnica mixta, esculturas, dibujos, collages, cómics, performances, así como una colección de sorprendentes piezas musicales y dos películas (Berlín, que recuperó en concierto el emblemático álbum de Lou Reed, y Gilles de Rais).

Las piezas que dan forma a esta antológica provienen en su gran mayoría de colecciones privadas pero también se han conseguido algunas obras de especial relevancia en su trayectoria que se encontraban en el Museo Reina Sofía o la Kutxa Fundazioa.

Vida nómada

Dividida en siete secciones, este viaje por la obra del artista donostiarra es también un recorrido por las ciudades que le marcaron como persona e influyeron en sus creaciones. Garmendia, que siempre se consideró un nómada, vivió en el exilio con su familia primero en Burdeos y luego en París y no regresaría a España hasta 1975. Entre 1980 y 1985 estudia Bellas Artes en Bilbao y junto a un grupo de amigos formaría el colectivo La comunidad latina, que realizaba intervenciones efímeras en bares o en paredes de la capital vizcaína.

Del País Vasco pasaría a Madrid entre los años 1987 y 1991, donde trabajaría técnicas litrográficas con Don Herbert, y luego a Nueva York de 1994 a 2005. Sus últimos años asentaría su base de operaciones en Hendaya.