Diálisis
Diálisis EUROPA PRESS - Archivo

El informe, basado en los estudios Epirce y Enrica-Renal, recoge un anexo especial dedicado a la salud renal en la mujer.

En Baleares hay 494 mujeres por millón de población (pmp) en diálisis o con trasplante (Tratamiento Renal Sustitutivo, TRS), la más baja frente a la media nacional de 842 pmp. Más de 21.100 mujeres con Enfermedad Renal Crónica (ERC) reciben Tratamiento Renal Sustitutivo -TRS- (hemodiálisis, diálisis peritoneal o trasplante) en España. Representan el 33 por ciento de nuevos casos que ingresan cada año en TRS.

Por su parte, el número de nuevos casos cada año (incidencia) en Baleares alcanza las 38 mujeres pmp, también superior a la media nacional de 86 pmp.

En un comunicado, la Sociedad Española de Nefrología recuerda que la enfermedad renal crónica se asocia a factores de riesgo como la hipertensión arterial, la diabetes, elevados niveles de colesterol, sedentarismo, tabaquismo y antecedentes cardiovasculares, además de la edad.

El informe elaborado por la SEN hace hincapié en la necesidad de combatir de forma específica los factores de riesgo que, en algunos casos, alcanzan una prevalencia "preocupante". Según varios estudios, el sedentarismo llega en la mujer al 70 por ciento, un porcentaje bastante mayor que en el hombre. De hecho, menos del 50 por ciento de las mujeres cumplen con la recomendación de 150 minutos de actividad física semanal en ratos de ocio (2,5 horas), mientras dedican 840 minutos (14 horas) a ver la televisión.

Los datos de sedentarismo se conectan con los de sobrepeso-obesidad: un 74 por ciento de las mujeres adultas en España presenta exceso de peso. Por su parte, los niveles elevados de colesterol afectan a más de la mitad de las mujeres (52%). En cuanto al tabaquismo, un 25 por ciento de las españolas fuma.

Por otra parte, en el caso del trasplante, las mujeres son, en España, más donantes que receptores. En concreto, las mujeres representan el 40 por ciento de los donantes de riñón, y el 36 por ciento de los receptores.

Además, la SEN advierte que la mayor preocupación de las mujeres afectadas por la enfermedad es su impacto sobre su propia autonomía personal y cómo afectará a la situación familiar. "En general, puede decirse que la mujer con enfermedad renal crónica se ve frecuentemente con respecto al hombre en una situación de desventaja fundamental, la de tener que compatibilizar su enfermedad con su condición de cuidadora", señalan.

MEDIDAS DE PREVENCIÓN

Ante esto, la SEN recomienda a las mujeres seguir unas pautas de vida saludables, con una dieta equilibrada, que evite el sobrepeso u obesidad, y una actividad física regular (al menos 150 minutos semanales dedicados al ejercicio físico, idealmente repartidos en sesiones de 30-45 minutos cada 48 horas), además de abandonar el tabaco.

En presencia factores de riesgo es preciso realizar además controles periódicos, y si se tienen más de 65 años, realizar al menos una analítica al año para valorar la función renal.

Es especialmente importante controlar los factores de riesgo en situaciones en la vida de la mujer como el embarazo o la menopausia. Durante la gestación, por ejemplo, se producen cambios fisiológicos normales en la función renal. Por ello, en ocasiones problemas renales que han pasado desapercibidos pueden ser detectados durante el embarazo.

Las recomendaciones generales en cuanto a la dieta para cuidar la salud renal pasan por el consumo de alimentos frescos frente a procesados; inclinar la balanza a favor de verduras, legumbres y frutas frente a proteínas de origen animal y, primar en todo caso el pescado y las carnes blancas frente a las rojas. Igualmente, mantener un nivel adecuado de hidratación (beber agua de forma regular, no sólo cuando se sienta sed) y primar su ingesta frente a zumos y, sobre todo, frente a refrescos industriales. Igualmente, los especialistas aconsejan moderar el consumo de sal en la dieta.

Finalmente, los nefrólogos recomiendan asimismo como medida de prevención tomar tan sólo los medicamentos prescritos por el médico y evitar el abuso de analgésicos y protectores gástricos, por su toxicidad para el riñón.