La sombra de un año plagado de acusaciones por abusos sexuales a mujeres en la industria del cine planeaba sobre el arranque de la ceremonia de los Óscar de este año —al igual que lo ha hecho en todas las entregas de premios cinematográficos que la precedieron—, y Jimmy Kimmel no se escondió.

El presentador de televisión y humorista, encargado de conducir la 90 edición de los premios en el Teatro Dolby de Hollywood (California), hizo un decidido alegato en contra de los abusos sexuales y a favor de la igualdad de las mujeres en su discurso inicial, un monólogo en el que no faltó una mención explícita a Harvey Weinstein, el todopoderoso productor caído en desgracia tras décadas de abusos y acosos sexuales a mujeres, y cuyo caso abrió la puerta a todas las denuncias que han venido después, tanto en Hollywood como en otros ámbitos.

"No podemos permitir que esto pase aquí. El mundo nos mira, tenemos que ser un ejemplo", dijo Kimmel, quien también llenó su discurso con sus habituales notas de humor, como cuando destacó que una de las virtudes de la famosa estatuilla de los Óscar es que "tiene las manos donde pueden verse, no dice cosas inapropiadas y no tiene pene". El presentador insistió en la importancia de acabar con el acoso sexual a la mujeres en el cine, y así ya "solo les quedará seguir sufriéndolo en todos los demás lugares, todo el tiempo".

Kimmel, que comenzó su discurso con varias bromas sobre el error de Faye Dunaway y Warren Beatty en la gala del año pasado, habló asimismo acerca de la diversidad y la rotura de techos, destacando el éxito de películas como Black Panther y, anteriormente, Wonder Woman, y puso de manifiesto la mayor cantidad de mujeres nominadas este año. Tampoco olvidó hacer una referencia a la brecha salarial, poniendo como ejemplo el caso de Mark Whalberg y Michelle Williams en Todo el dinero del mundo.