Los titulares de los periódicos de estos días recogen el regocijo verbal de la comunidad política sobre el crecimiento de la renta por habitante.

Según mi padre, hace 30 años, cuando él empezaba a trabajar lo normal era llegar a ingresar 166 mil pesetas, es decir 1000 euros de hoy en día.

Me extraña bastante que, cuando para un joven llegar a ser mileurista es una suerte, los principales sindicatos se esfuercen en llamar a la moderación salarial.

Sin embargo, lo que sí no entiendo es por qué no explican en sus páginas que lo que ustedes llaman prosperidad (porque se incrementa la renta per capita) es el resultado de dividir mis mil euros con los miles de sueldos como el de Esperanza Aguirre o Zapatero, que lo único que tenemos en común es que quizás no lleguemos a fin de mes.