Pino en sierra de Almería
Pino en sierra de Almería UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

Particularmente, las especies de zonas secas y semiáridas del este y sureste ibéricos responden a las sequías extremas recuperándose más rápido de su impacto, mientras que las especies de zonas templadas y húmedas del norte de España optan por aumentar su resistencia, según informa la UPO en una nota.

El trabajo liderado por Antonio Gazol, investigador postdoctoral de IPE-CSIC, ha sido publicado recientemente bajo el título 'Forest resilience to drought varies across biomes' en la revista 'Global Change Biology'.

Esta investigación, que además ha contado con la colaboración de 14 instituciones que incluyen varias universidades españolas, pone la atención en la resiliencia, es decir, en la capacidad de los árboles para regresar a su estado original una vez que la perturbación -en este caso, sequías extremas- ha terminado.

En concreto, el estudio se centra en el periodo 1980-2015, durante el que se produjo un aumento de la severidad y duración de las sequías extremas. Para ello, se analizaron datos de productividad anual y cobertura forestal mediante imágenes satelitales NOAA-AVHRR, y se compararon con datos de crecimiento de los árboles como anchuras de los anillos de crecimiento, obtenidos mediante dendrocronología.

Para el trabajo de investigación, se consideraron once especies de árboles -en concreto, siete coníferas, que son abeto, pino carrasco, pino negro, pino resinero, pino salgareño, pino albar o silvestre y sabina, y cuatro frondosas, que son haya, quejigo, roble y rebollo- a lo largo de más de 500 bosques de la geografía española.

De este modo, se evaluaron las diferentes estrategias y capacidad de adaptación o vulnerabilidad de los bosques ibéricos a lo largo de amplios gradientes climáticos y biogeográficos.

Los investigadores destacan que los bosques mediterráneos de zonas más secas o semiáridas del levante peninsular, dominados principalmente por diferentes especies de pino -carrasco, salgareño y resinero- han optado por una estrategia de recuperación rápida del crecimiento tras las cuatro mayores sequías acontecidas en los últimos 30 años, las de 1986, 1994, 1999 y 2005.

Sin embargo, los bosques que habitan regiones del norte o noreste peninsular en los Pirineos y Cordillera Cantábrica -hayedos, abetales y robledales- se enfrentan a las sequías extremas mediante una estrategia de resistencia, es decir, tratando de mantener su capacidad de crecimiento durante el evento extremo de aridez.

Los expertos coinciden en que los bosques españoles son considerados ecosistemas muy vulnerables frente al aumento en la frecuencia y duración de las sequías. Por lo tanto, "analizar su respuesta a estos eventos extremos supone un reto importante debido a los múltiples niveles de incertidumbre de los escenarios climáticos pronosticados para el siglo XXI y a las diversas respuestas de ecosistemas compuestos por especies de árboles con diferente capacidad de adaptación, resiliencia o plasticidad, entre otros factores", ha señalado J. Julio Camarero, investigador IPE-CSIC y coordinador del trabajo.

MEDIDAS DE GESTIÓN FORESTAL

Según el investigador de la UPO Raúl Sánchez-Salguero, "evaluar y entender las diferentes estrategias de adaptación al cambio climático en amplios gradientes ambientales, y considerando la amplia diversidad de especies de árboles presentes en la Península Ibérica, es fundamental para determinar las medidas de gestión forestal que podrían amortiguar estos efectos, sobre todo en los límites de distribución más secos", así como "para identificar aquellas poblaciones más adaptadas o tolerantes a los eventos extremos, de manera que sirva para establecer adecuadas medidas de conservación".

Este grupo de científicos españoles asegura que esta novedosa identificación de las estrategias de adaptación de los bosques puede ayudar a pronosticar futuros procesos de decaimiento forestal inducidos por el cambio climático, planteando como objetivo futuro ampliar estos análisis a otros tipos de bosques en la cuenca mediterránea y Europa.

Por otro lado, este trabajo es un destacado ejemplo de colaboración científica que ha permitido establecer una primera red dendrocronológica española. Esta base de datos es "única a nivel internacional", y ha permitido recopilar información recabada durante las últimas tres décadas de múltiples grupos e instituciones gracias a la captación continua de fondos públicos para investigación en temas medioambientales, según destacan desde la UPO.

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