Hotel Ritz
El hotel Ritz, en Madrid. JUAN CARLOS HIDALGO / EFE

El hotel Ritz de Madrid cerró este miércoles sus puertas de forma temporal para acometer unas obras valoradas en 99 millones de euros, que reformarán el edificio por completo y se alargarán, según lo previsto, hasta finales de 2019.

Desde que se abrió al público por primera vez en 1910, el Ritz ha sido sinónimo de lujo, y un referente en la capital. En sus habitaciones se han alojado desde miembros de la realeza hasta grandes magnates y celebridades. Entre los más citados de la larga lista, Ernest Hemingway, o Rainiero y Gracia de Mónaco.

Hubo un tiempo, sin embargo, en que el hecho de tener dinero o fama no aseguraban por sí solos el poder entrar a formar parte del selecto grupo de clientes del icónico hotel madrileño. O al menos eso cuenta la leyenda, nunca confirmada y, desde luego, no oficial.

La clave estaba en las famosas reglas no escritas del hotel, incluyendo un código interno por el que se manejaban sus empleados en la época en que estaba al mando Georges Marquet Delina, hijo del belga Georges Marquet, quien había adquirido el hotel en 1926, apenas quince años después de su inauguración. El código en cuestión era una especie de guía para seleccionar o rechazar a potenciales clientes, y era conocido por las siglas NTR (No Tipo Ritz).

En los años cincuenta, otra regla no escrita habría impedido admitir a "artistas y toreros", aunque esta supuesta norma debía de afectar tan solo al elenco nacional, ya que no impidió que se alojaran en el hotel estrellas internacionales como Ava Gardner o, ya en los noventa, la actriz Michelle Pfeiffer, la cantante Madonna o los miembros del grupo Duran Duran.

Quien sí parece que llegó a sufrir en sus carnes este veto a la farándula fue el actor estadounidese James Stewart. Tras ser rechazado en un primer momento, el mítico protagonista de ¡Qué bello es vivir! tuvo que enseñar su placa de coronel y asegurar que se encontraba en España como militar del ejército de los Estados Unidos para poder ser admitido. Fernando Fernán-Gómez, en su novela y película El viaje a ninguna parte, y Sara Montiel, en sus Memorias, ofrecían asimismo varios ejemplos de ese famoso veto a los artistas.

El Ritz, como el resto de la sociedad, fue cambiando con los tiempos, aunque nunca abandonó del todo su preferencia por ciertas normas de etiqueta. Durante años, los hombres no podían entrar sin corbata, y hasta 1975 no se admitió la entrada de "señoras en pantalones".

De Mata Hari a Alexander Fleming

El edificio que alberga el hotel fue inaugurado por el rey Alfonso XIII el 2 de octubre de 1910, en un lugar —un descampado donde se encontraban los jardines del antiguo Teatro Tívoli— que, de acuerdo con las crónicas de los periódicos de la época, era "el más sano y tranquilo de Madrid".

El del Ritz fue uno de los primeros edificios madrileños en cuya construcción se empleó el hormigón armado, y en su interior no se escatimaron gastos: las habitaciones están decoradas de forma individual, con los cuartos de baño acabados en mármol, y las alfombras y tapices de muchas de las salas fueron elaboradas en la Real Fábrica de Tapices.

La Primera Guerra Mundial y la neutralidad de España atrajo a numerosos personajes de la aristocracia, y también a espías que hicieron de Madrid, y en algunos casos del Ritz, su base de operaciones. La más famosa, sin duda, fue Margaretha Geertruida Zelle, más conocida como Mata Hari, quien se instaló en el hotel en 1916 con el nombre de Condesa Masslov, según recoge Enrique Gómez Carrillo en su libro El misterio de la vida y muerte de Mata Hari (1993).

Ya en 1926, Salvador Dalí, quien por entonces vivía en la Residencia de Estudiantes, hizo su primera entrada en el hotel para, según cuentan las crónicas, "cortarse el pelo y tomarse un cocktail". El pintor catalán iría después muchas veces más, y tenía incluso reservado un rincón en el restaurante del hotel. Y en 1932, otro personaje histórico figuraba en el consejo de dirección del establecimiento: el fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera.

Durante la Guerra Civil el Ritz fue empleado como Hospital de Sangre, y en una de las habitaciones del hotel murió, el 20 de noviembre de 1936, el célebre dirigente anarquista Buenaventura Durruti, que había sido herido de bala en la Ciudad Universitaria. La fachada del hotel se llenó de banderas de la CNT.

Acabada la guerra, en el hotel se alojaron desde gerifaltes nazis como Heinrich Himmler hasta siniestros generales franquistas como Millán-Astray, y ya en los años cincuenta, otros visitantes bastante más ilustres como el científico británico Alexander Fleming, el primero en observar los efectos antibióticos de la penicilina.

Tras un periodo de decadencia durante los años setenta, en 1991 el Ritz acogió algunas de las reuniones paralelas de la Conferencia de Paz sobre Oriente Medio celebrada Madrid. En mayo de 2015, el edificio fue adquirido por Olayan (grupo empresarial propiedad de la familia real saudí) y por la cadena Mandarin Oriental, que se hizo cargo de la gestión hotelera.

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