Matteo Salvini
Matteo Salvini, en una imagen de archivo. EFE

La inmigración ha protagonizado la campaña de las elecciones del próximo 4 de marzo en Italia. Partidos que piden el voto con sus posiciones y lemas xenófobos y con el tiroteo racista de Macerata como punto álgido del tenso debate electoral.

Este asunto marcó de principio a fin toda la legislatura, iniciada en 2013, dada la llegada masiva de inmigrantes desde las costas de África, un fenómeno que ha convertido al Mediterráneo en un cementerio de agua y ha desbordado el sistema de acogida.

Tanto preocupa la cuestión que partidos como la Liga Norte han crecido enormemente gracias a sus críticas a la inmigración. Desde este grupo político culpan al Gobierno del Partido Demócrata de permitir una "invasión" y aumentar la inseguridad en las calles.

Precisamente a esta formación pertenecía Luca Traini el autor del tiroteo racista de Macerata. En la mañana de ese día el antiguo militante de la LN y de ideología ultraderechista, tomó su coche en la tranquila ciudad de Macerata (centro) y tiroteó indiscriminadamente a todas las personas negras que se encontraba, dejando seis heridos a su paso.

Lo hizo, según confesó posteriormente, para vengar el asesinato de Pamela Mastropietro, presuntamente a manos de un traficante de drogas nigeriano, ya detenido por las autoridades.

La inmigración ha centrado así una tensa campaña electoral, con ataques entre grupos de ideologías extremas y advertencias sobre el posible resurgir del neofascismo, y en la que los partidos se han mostrado divididos a la hora de abordar la crisis migratoria.

Y eso que en la actualidad el fenómeno de inmigración se encuentra a la baja gracias a los pactos entre Roma y los Estados africanos para contener a los inmigrantes y combatir a las mafias de trata de personas.

El ex primer ministro Silvio Berlusconi, en coalición con la Liga Norte de Matteo Salvini y otras fuerzas de ultraderecha, tachó la situación de "bomba social" y avanzó su intención de repatriar a 600.000 inmigrantes irregulares en caso de que su alianza gane, algo posible pues los sondeos la dan a la cabeza aunque sin mayoría.

Mucho más tajante se ha mostrado Salvini, cuya campaña llevó por lema "Los italianos primero" y que ha asegurado que su intención es expulsar a medio millón de "clandestinos" y "blindar" las fronteras italianas porque ese tipo de inmigración significa "delincuencia".

Por su parte, el Movimiento Cinco Estrellas (M5S), que los sondeos sitúan como partido más votado ha criticado la gestión del fenómeno por parte del Partido Demócrata y en su programa aborda ampliamente la cuestión.

Su objetivo, en caso de gobernar, será hacer que los inmigrantes no tengan que llegar a Italia para solicitar asilo, sino que puedan hacerlo en las embajadas de sus países o en delegaciones de la Unión Europea en África, entre otras medidas.

El líder del M5S, Luigi di Maio, calificó al Partido Demócrata y al ex Cavaliere de "traidores de la patria" por bombardear la Libia de Muamar Gadafi en 2011, lo que derivó en el Estado fallido actual y el descontrol en sus costas, y por firmar en 2003 el "obsceno" Tratado de Dublín.

El secretario del PD y ex primer ministro, Matteo Renzi, por su parte ha culpado a Berlusconi de la situación porque, al contrario de lo que ha afirmado el magnate, fue él quien firmó el tratado en 2003 y porque también fue quien se sumó a la intervención en Libia.

Tras el atentado de Macerata, el líder socialdemócrata denunció que la derecha vincula el crimen de la joven con la inmigración y esto instrumentaliza el tema con fines políticos. Además expresó su "orgullo" por haber salvado vidas en el Mediterráneo mientras Europa permanecía inmóvil.

Por eso en su programa lleva la gran asignatura pendiente de la legislatura pasada, la ley para otorgar la nacionalidad a los hijos de extranjeros nacidos en Italia, durante cuya fallida tramitación el Parlamento acabó a empujones.