Grafitos
Un calendario que dibujaron los presos en los calabozos del castillo de Montjuïc. MARINA LOPERENA

El pintor empezó a rascar las paredes antes de comenzar con la brocha y apareció un grafito y los arqueólogos continuaron con el rascado y salió uno tras otro. Sucedía a principios de 2016 en los calabozos del Castell de Montjuïc de Barcelona y ahora, a partir del 15 de marzo y tras dos años de tareas de restauración, el descubrimiento se mostrará al público a través de visitas guiadas. Se trata de dibujos y textos que los presos allí encerrados en diferentes épocas de la historia dejaron en los muros de las celdas, que hablan de sus vivencias y de sus esperanzas y frustraciones.

Mostrarlos es una de las decisiones que ha tomado el Ayuntamiento en su intento de atraer a los barceloneses hacia al castillo, que aunque está en manos del Consistorio desde 2007, todavía no se ha quitado la etiqueta de lugar 'non grato', después de tener usos carcelarios y militares muchos años, incluidos los de la Guerra Civil española. Las cifras hablan por sí solas: en 2017 recibió 736.000 visitantes y el 85% fueron turistas, según ha informado este martes el comisionado de Programes de Memòria, Ricard Vinyes. El objetivo es que este porcentaje baje y por ello, además de recuperar los dibujos de los calabozos, se han llevado a cabo otras actuaciones en el edificio para poner en valor sus elementos históricos y mejorar su accesibilidad. En conjunto han supuesto una inversión de casi 13 millones de euros desde 2013 y permiten que el castillo estrene ahora un espacio de acogida y un ascensor.

De entre las novedades, sin embargo, los grafitos de los reclusos son la estrella. Hay dibujos de militares, de escenas eróticas, de dictadores como Adolf Hitler o Benito Mussolini y de calendarios en los que los presos iban tachando los días que pasaban, entre otros, y también textos. Está, por ejemplo, el de Francisco Arias: "Detenido inocentemente el 15-5-1938 y llevo desde esa fecha hasta la presente esperando la libertad de un momento a otro", escribió. O el de Salvador Bonamich, que estampó en la pared: "Condenado a muerte el día 30 de diciembre de 1938".

Son mensajes e ilustraciones que datan de tres épocas distintas –la del último tercio del siglo XIX, la que va de 1900 a 1930 y la que se extiende de 1935 a 1940– y se distribuyen en cinco grandes calabozos, que daban cabida a unos 25 presos cada uno y de los que por el momento se podrán visitar tres. En uno de ellos, el más surtido de grafitos, se han hallado hasta 583.

Quienes accedan a partir del 15 de marzo al castillo para ver de cerca estos dibujos y textos lo tendrán más fácil que los que se adentraban en él hasta hace poco, pues desde diciembre cuenta con un ascensor que evita las rampas y el puente levadizo. Además, el nuevo espacio de acogida ha permitido situar las taquillas en su interior, lo que evita colas a la intemperie.

En menos de un mes estarán también acabadas las obras de dos aulas-taller y el 1 de octubre volverá a ponerse en marcha el restaurante, cerrado desde hace alrededor de cuatro años por trabajos de reforma.

En 2019 está previsto destinar 1,6 millones de euros a nuevas mejoras, entre ellas, de seguridad, de señalización y de impermiabilización del nuevo espacio de acogida.

Escenario de películas

Los grafitos de los reclusos han salido a la luz después de retirar varias capas de pintura, la última, de un color oscuro, con la que se recubrieron las paredes para grabar películas desde la década de 1990, según ha explicado este martes el arqueólogo Oriol Anchón.

Consulta aquí más noticias de Barcelona.