La paciente acudió en abril de 2014 a la clínica para solicitar un presupuesto de un tratamiento médico-estético de rejuvenecimiento facial y se le recomendó la realización de hilos tensores y, posteriormente, de blefaroplastia (corrección de párpados y bolsas en ojos).

Para ello, la paciente fue citada en el Hospital Sagrado Corazón, con el que la clínica tiene concertado el uso de sus instalaciones y equipos. Primeramente, a la paciente se le realizó la cirugía de hilos tensores y, dos días más tarde, el día 22 de mayo de 2014, se sometió a la cirugía de blefaroplastia.

Durante el acto quirúrgico se produjo una deflagración sobre el campo quirúrgico y prendieron los paños que cubrían el rostro de la paciente, probablemente al entrar en contacto una chispa del bisturí eléctrico que maneja la cirujana con el oxígeno que fluye de la mascarilla que controla el anestesista.

Como consecuencia de estos hechos, se produjeron quemaduras de distinto grado en su rostro, que han precisado curas y tratamientos durante meses; además de echar a perder los efectos logrados con la cirugía de hilos tensores que unos días antes se le había realizado, han informado a Europa Press fuentes de El Defensor del Paciente, cuyos servicios jurídicos han llevado el caso.

Además, al producirse la deflagración, la paciente, asustada, cayó de la camilla al verse envuelto el rostro en llamas, por lo que sufrió lesiones en hombro y brazo, además de diversos hematomas.

SENTENCIA

El Juzgado considera acreditado que lo sucedido en quirófano no se trató de un hecho simple fortuito, sino que fue un hecho "poco frecuente", pero que se produce dentro del círculo de la actividad empresarial sometida a control y vigilancia de los facultativos intervinientes, es decir, pertenecientes a la clínica.

El resultado para la paciente es el contrario al perseguido, ya que la paciente sufre secuelas producto de las quemaduras en su rostro, las cuales, a pesar de los tratamientos realizados, han dejado el mismo "muy lejos de lo que buscaba", ha señalado la Asociación, que ha añadido que son secuelas que ya no admiten ulterior tratamiento y que además requerirán cuidados específicos durante toda su vida.

Así, el fallo, contra el que cabe recurso, obliga a la clínica a indemnizar a la paciente tanto por las secuelas producto de las quemaduras en el rostro como por las derivadas de la caída al suelo y a devolver lo abonado por los tratamientos realizados, tanto la blefaroplastia como la cirugía de hilos tensores, que perdió su efectividad debido a las lesiones que se ocasionaron.

También obliga al pago así como los gastos médicos y farmacéuticos que debió costearse la paciente para el tratamiento de las quemaduras. En total, la sentencia fija la indemnización en 43.890 euros.

El Defensor del Paciente ha añadido que la aseguradora queda exonerada de todo pago, puesto que la clínica "sorprendentemente" no tenía cubiertos los daños provocados a terceros como consecuencia de los tratamientos de cirugía estética que se realizaban por sus facultativos, a pesar de ser ésta la principal actividad del centro.

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