Hospital La Paz de Madrid
El Hospital La Paz sufrirá una profunda transformación en los próximos años. EUROPA PRESS

Errar es humano, pero la cosa cambia cuando la equivocación podía haberse evitado con poco esfuerzo y algo más de medios. Al menos eso es lo que pensó la paciente que hace una semana acudió al hospital madrileño de la Paz y salió de sus urgencias sin solución alguna. La mujer necesitaba auxilio oftalmológico (la retirada de unas pestañas que se clavaban en el globo ocular) y el hospital se negó a hacerlo porque la mujer no llevaba su propio instrumental médico, es decir, porque no iba de casa con sus pinzas.

No es casualidad que esta incidencia haya ocurrido en uno de los grandes centros hospitalarios de Madrid, ya que según la Memoria de 2017 publicada por la asociación privada el Defensor del Paciente es, de lejos, el que ofrece el peor servicio de urgencias de todo el país, y donde la comisión de errores no es infrecuente ya sea por "malestar, estrés agotamiento físico o mental" de los profesionales que prestan allí sus servicios.

A pesar de ello, la propia asociación explica que a lo largo de 2017 recibió un total de 13.983 casos (819 menos que en 2016) y de los que 781 fueron con resultado de muerte del paciente (60 decesos menos que los computados en 2016). Las cifras vuelven a niveles muy similares a los de 2012.

Según la Memoria, en el ranking de los peores hospitales con servicios de urgencias figuraron en 2017 los siguientes: La Paz (Madrid), Virgen del Rocío (Sevilla); Vall d'Hebron (Barcelona); Son Espases (Mallorca); Carlos Haya (Málaga), Virgen de la Salud (Toledo), La Fe (Valencia), Álvaro Cunqueiro-HAC (Vigo), Virgen de la Macarena (Sevilla) y hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza).

Aunque el camino desde que se denuncia un posible error médico hasta que la justicia dictamina y lo contempla como tal a través de una sentencia judicial puede tardar años, lo cierto es que no son pocos los acontecimientos dramáticos ocurridos en estos y otros centros y que han sembrado la alarma en los últimos meses a través de las noticias en las que aparecían referenciados.

Sonados y dramáticos errores médicos

Aplastada en el ascensor: La muerte de Rocío está judicializada. Falleció en agosto de 2017 cuando era trasladada desde el paritorio donde acababa de dar a luz a su habitación por el personal sanitario. Murió aplastada por el ascensor del hospital de Valme (Sevilla) en el que fue montada su cama hospitalaria.

Intubación fatal: La sentencia del caso de J. M de Hita se conoció el pasado mayo. A sus 25 años, este joven falleció en 2009 por una intubación fatal realizada por un equipo médico en las urgencias del hospital Virgen de la Salud (uno de los peores de la memoria). En su caso, le perforaron el esófago, estimó el fallo judicial.

Bacteria comecarne: En la muerte de Maru (cuyo caso se resolvió también en 2017) estuvieron implicados dos hospitales madrileños: la Paz y la Fundación Jiménez Díaz. Se operó por una complicación urinaria menor y acabó falleciendo con 44 años víctima de las complicaciones posteriores que nadie supo atajar ni diagnosticar. El nombre médico de su dolencia es fascitis necrotizante, pero en la práctica se trata de una infección bacteriana que devora la carne de la paciente. Maru fue amputada de urgencia de las dos piernas, pero acabó muriendo de un shock séptico severo".

Sin ambos pechos por un diagnóstico erróneo: Otro caso sonado y dramático en la lista de errores médicos ocurrió en Madrid. Y también en la Fundación Jiménez Díaz. Una mujer joven acabó perdiendo sus dos pechos porque la doctora que atendió su caso prescindió de una prueba diagnóstica básica: la mamografía.

Sin ambulancia pediátrica: Una niña de ocho años murió hace justo un año en Gerona, en el hospital de Blanes, tras esperar dos horas en su domicilio la llegada de la ambulancia pediátrica que la trasladara a su centro de referencia. Su caso también está judicializado.

Muerta en la camilla de urgencias: Aurelia murió sola en el hospital San Juan de la Cruz de úbeda (Jaén) tras pasar 12 horas olvidada en la sala de urgencias. Había ingresado por orden del médico de la residencia de ancianos donde vivía, pero una vez en el centro se olvidaron de ella. Cuando un trabajador reparó en la camilla que estaba en el pasillo, la mujer ya estaba cadáver.

Estéril tras un aborto: Una joven de 23 años mantiene abierto un contencioso contra dos centros sevillanos (los hospitales Virgen del Rocío y Virgen Macarena) por quedarse estéril tras una interrupción voluntaria de su embarazo. Algunas decisiones adoptadas por los médicos fueron, según un forense del caso "arriesgadas" y acabó teniendo que someterse a una extirpación del útero.