Adiós a la peseta
Acto de despedida de la peseta en la Plaza Mayor de Madrid en febrero de 2002. EFE

El euro lleva tiempo dando titulares debido a que mantiene una revalorización permanente frente al dólar. Desde finales de 2016 la paridad ha pasado de 1,06 a 1,24, lo que supone una revalorización del 17% que ha llevado la cotización al nivel más alto en tres años.

Evidentemente, detrás de esta escalada hay razones; la principal es la recuperación económica en Europa. La estabilización política, tras la celebración de elecciones en diferentes países con un resultado óptimo —el último ha sido el acuerdo de coalición para formar Gobierno en Alemania— es otro de los factores que más ha influido. Igualmente, la posición de Trump hacia varios aspectos de la economía, la inquietud por algunas reformas plateadas y la inestabilidad en algunos sectores han debilitado el dólar frente a la mayoría de las divisas mundiales, entre ellas la europea.

Hay más argumentos que aunque están por llegar ya están dando alas al euro. El cambio de política del Banco Central Europeo (BCE) está próximo, previsiblemente para finales de este mismo año, momento en el que empezarán a subir los tipos de interés y retirará la ayuda que ha mantenido desde el inicio de la crisis a los mercados.

Esta realidad no atañe únicamente a expertos o economistas. La subida del euro tiene consecuencias para la actividad del país, las finanzas, la inversión y los consumidores. La situación que se da en la economía es como la pescadilla que se muerde la cola. Los expertos de ING lo resumen así: "Una de las consecuencias más evidentes está en las exportaciones. Cuando el euro sube, los productos de la región resultan más caros para los mercados que los compran, lo que irremediablemente disminuye las ventas de lo que exportamos. Esto a su vez tiene un impacto directo en la economía de la región. A precios más caros, menores ventas y, a menores ventas, menos crecimiento".

Pero las importaciones (lo que se adquiere fuera de nuestro mercado) se abaratan y, por tanto, se hacen más atractivas, presionando la inflación a la baja. "Un euro más fuerte podría echar por tierra los esfuerzos que el Banco Central Europeo está haciendo para que la economía se recupere", dicen en ING. Y en este sentido, SelfBank comenta que "el efecto más inmediato para los consumidores es que los productos estadounidenses, británicos o japoneses, entre otros, son más baratos".

Por otro lado están las materias primas. "Hay otra repercusión positiva, y es que los costes de transporte se pueden abaratar al comprarse el petróleo en dólares (lo mismo sucede con otras materias primas, como el oro)", añaden desde SelfBank. No obstante, la apreciación de la bajada del carburante no se produce en la misma proporción que la caída del dólar, ya que el precio está constituido en mayor dimensión por los impuestos.

Los viajes son una actividad afectada más. Para los españoles, y los europeos, será más asequible ir a países como Estados Unidos, Reino Unido o Japón gracias al cambio favorable de la moneda. Sin embargo, para los británicos, que es el grueso del turismo que recibe nuestro país resultará más caro.

Comprar en Amazon de Reino Unido, más barato

Y si viajar puede resultar atractivo, ir de compras por estos países o hacerlas a través del comercio online puede ser igualmente ventajoso. Desde SelfBank recomiendan "plantearse los tipos de cambio. Es útil sobre todo en países dentro de la UE (de momento), en particular Reino Unido. Puedes comprar en amazon.uk y quizás te salga mejor que en Amazon España, pese a asumir unos gastos de envío más elevados", aseguran.

Desde el punto de vista de un inversor, las oportunidades son dispares. Existen productos en los que se pueden apostar directamente por la subida del euro y la caída del dólar, o viceversa, pensando que la situación se revertirá. Igualmente, invertir en valores de la Bolsa de Estados Unidos resulta ahora más barato, pero en la rentabilidad obtenida siempre tendremos que aplicar el tipo de cambio.

El atractivo no es igual para el mercado español, ya que en el caso del Ibex 35 los ingresos de la mayoría de las cotizadas se producen en dólares; por tanto la facturación decrece y el potencial de la Bolsa merma.

Quienes tengan depósitos bancarios en divisas como el dólar pueden ver afectada igualmente su rentabilidad. Y lo mismo ocurre en otros productos invertidos en moneda diferente al euro. Sobre la tendencia futura del euro, en este momento no hay consenso entre los analistas.