'Madagascar: el musical'.
Una escena de 'Madagascar: el musical'. EFE

Las jirafas llegan a  medir hasta seis metros y son los animales más grandes del mundo. Así que convertir a un humano en una jirafa implica un cierto esfuerzo, aunque sea una jirafa flacucha e hipocondríaca como Melman, uno de los personajes de Madagascar, la película de DreamWorks estrenada en 2005.

Ese filme de animación se ha convertido en un musical que se estrena este viernes en Teatro de la Luz Philips, en la Gran Vía de Madrid. Madagascar, el musical es un gran montaje que viene de Italia, donde se ha estado representando la pasada temporada y que reproduce fielmente el argumento de la película. Eso sí, a la única canción del filme (el pegadizo "yo quiero marcha, marcha") se le han añadido otras 16 canciones originales que fluyen por el argumento. 

Alex es el león, la estrella del zoo de Nueva York, donde ha vivido desde que era un cachorro. Su vida allí es plena y placentera, algo que no puede decir su mejor amigo, Marty, una cebra adolescente que se muere por probar la vida salvaje. Su empeño acabará llevándole a él y a sus amigos a la isla de Madagascar, donde tratarán de adaptarse a la vida en libertad.

Para recrear a estos personajes de animación los actores pasan por un proceso de caracterización que no dura menos de una hora y que conlleva enfundarse unos trajes especiales que tienen su cénit en el personaje de Melman (Pablo Serna). Unos zancos de más de cuarenta centímetros, 1,97 de actor y más de un metro de prótesis de cuello y cabeza de jirafa suman más de 3,5 metros de personaje sobre el escenario.

Le acompañan el protagonista, Alex el león (Adrián Salcedo); Gloria, la hipopótama (Amynata Sow); Marty, la cebra (Armando Valenzuela) y el marchoso lémur Rey Julien (Pedro Castro). Todos ellos lidian con éxito su caracterización.

En el caso del león, por ejemplo, los colmillos que exhibe en la boca le exigen ejercicios de dicción y articulación desde media hora antes de salir a actuar. Las prótesis de hipopótama de Amynata Sow son todo un elemento a tener en cuenta. "El traje pesa bastante, pero al ser gomaespuma tampoco es incómodo. Lo único un poco molesto es el casco, sobre todo para bailar, pero ensayando he acabado por hacerlo mío", explica la actriz.

"No existe una fórmula para no pasar calor. La coreografía está muy presente y llevamos indumentarias cerradas y llenas de pelo. Pero cuando eres el personaje eres el personaje y lo disfrutas, eso es más importante que cualquier fatiga o que pases calor", hace ver el actor Pedro Castro, que cambia de humano a mono y de mono a lémur en transformaciones de menos de tres minutos, tiempo en el que se cambia de traje y de maquillaje.

Cada atuendo tiene al menos dos copias por cada actor que lo llevará en escena (los personajes principales tienen "covers" o actores del reparto que les sustituyen en caso de ausencia) y requieren cuidados muy especiales, como pasar la noche dados la vuelta para que se sequen, retoques y limpieza diaria (el maquillaje suele mancharlos) y un manejo exquisito.

También es interesante el proceso de meterse en la piel de un animal desde el punto de vista interpretativo. "A veces se nos olvida que somos animales, racionales, pero animales", hace ver Adrián Salcedo, que asegura que meterse en la piel de un león es una sensación que le gusta. "Mucho mejor que meterme en la piel de una chinchilla o un armadillo", bromea.

Lo mejor, la historia

Para el actor lo mejor del musical son "los mensajes que envía y las canciones. Es una historia muy bonita, llena de personajes con mucha energía y carácter. Lo tiene todo, textos, duración... es rápido y fresco", defiende el protagonista.

Por su parte, Armando Valenzuela hace ver que para crear a los protagonistas del musical, que son "complementarios" a los de la película, hay que "mezclar el comportamiento y las manías de los animales" con la "fuerte personalidad" de estos personajes.

Eso se hizo en Milán, donde el pasado enero se estaba representado el musical y hasta donde viajó el reparto español para ver trabajar a sus compañeros italianos y donde ensayaron cerca de diez horas diarias hasta que dominaron el montaje, del que además se ha mantenido algunos elementos escénicos, como las enormes estructuras que reproducen la isla de Madagascar o el zoo, que han viajado desde Italia a Madrid.

Matteo Gastaldo, director de Madagascar, el musical, explica que es una función de gran formato "pensado para el público joven", aunque "el público adulto se divierte muchísimo. Tiene un lenguaje fresco y divertido que conecta con todas las edades", explica.

Para España se han adaptado algunos textos y han "dado a los cuatro actores principales un poco de espacio para que hicieran sus personajes. Hemos exportado mi idea, pero adaptada a la personalidad de los actores españoles", hace ver.

"Es un espectáculo que habla de amistad, de escapar de la rutina y tratamos de celebrar eso. Es un espectáculo que hemos hecho con el corazón", sentencia el italiano.

Madagascar, el musical se representará en Madrid hasta el próximo 13 de mayo y después en Barcelona, del 18 de mayo al 3 de junio, en el Teatre Victòria. Desde 25 euros.