James Ellroy
El escritor norteamericano James Ellroy durante su entrevista con 20minutos.es. MIQUEL TAVERNA

El personaje hace años que se comió a la persona o quizá es que el escritor James Ellroy (Los Ángeles, 1948) no haya podido sobrevivir de otra manera, y no se le pueda culpar de su pose de enfado casi permanente.

Provocador y bastante cansado remata las condiciones que ya ha dado antes de la entrevista: "No hablo de política ni de actualidad". Lo sabemos. "Yo vivo en el pasado". Bueno, señor Ellroy, esta conversación ya es pasado, todos vivimos de alguna manera en él. "Si, pero yo permanezco en él. Es una decisión consciente".

Fue cuando asesinaron a su madre (1958), y el motor de su literatura. De hecho en Mis rincones oscuros, obra de no ficción que se acaba de reeditar en España, narra cómo apareció muerta su madre mientras él volvía solo en un taxi y el infierno de todas las oscuridades en las vivió.

Tenía diez años, sus padres estaban separados y su progenitor lo dejó volver solo a la casa de la madre. La madre estaba muerta cuando llegó. Un asesinato que jamás se resolvió y del que el autor de La dalia negra o L. A. Confidential no ha salido. Porque quizá no se puede y tal vez porque a veces uno elige quedarse metido en el barro para poder seguir viviendo.

"Es una de las últimas veces que hablo de mi madre, por no decir que es la última", escupe ante una de las primeras preguntas que le formulo. Así que ¿he de aprovechar? "Sí, no quiero volver a hacerlo. Y no lo haré".

Hablemos pues de sus rincones oscuros: "Escribí este libro (Mis rincones oscuros) e hice la investigación en 1996". Sí, pero la obra se reedita ahora en español. Corta: "Yo no me considero alguien oscuro".

Ni yo le pregunto si es usted oscuro. Solo cuáles son o han sido sus rincones más oscuros: "Seguramente el alcoholismo y la drogadicción durante muchos años, pero yo ahora me veo como una persona que ha recibido la luz de Dios. Estoy feliz de estar aquí, me encanta España, es mi país favorito en Europa".

Ha venido a Barcelona a recoger el Premio Pepe Carvalho: "Así que estoy a dos pasos de conseguir el Nobel".

Y ¿a cuántos pasos está de los infiernos a los que aludía?: "Hace mucho ya del alcoholismo y la drogadicción". ¿No le acompañará siempre? "No, y de hecho desde ahora jamás volveré a hablar de mi madre. Nunca más contestaré una pregunta personal. Ya solo hablaré del libro que esté promocionando".

Reconoce el gusto europeo por la psique americana y por los libros como algo más que novela negra. "En Europa no hay esa locura por el best seller y el cine. En EE UU no es así, y si les dices: a la mierda, no quiero hablar de cine, se sorprenden".

Tal vez por eso hagamos preguntas más de la psique... ¿Se defiende escribiendo? "Tengo que expresar mis preocupaciones morales, mi fe y traducirla. Tengo un talento que me ha dado Dios y una voluntad férrea de continuar. Escribo desde mi alma y para mi alma, y desde un sentido de la historia. Incluso cuando tenía ocho años siempre iba mirando atrás. Mis padres tenían revistas pasadas y yo me metía en ellas. Sigo siendo así. No leo nada contemporáneo. Releo únicamente libros que leí hace muchos años. Y, sí, siempre estoy mirando atrás".