Banco del tiempo
Día del trueque de libros organizado por el Banco del Tiempo del Málaga. EUROPA PRESS / AYTO MÁLAGA

"Intercambio directo de bienes y servicios, sin mediar la intervención de dinero". Así define trueque la RAE. Una práctica que remonta su origen al neolítico (hace 10.000 años aproximadamente) y que surgió para dar salida a excedentes ganaderos y trajo consigo la acumulación y la riqueza. Paradojas de la vida, la historia se repite y en pleno siglo XXI muchos ciudadanos recuperan esta práctica para hacer un uso más responsable de los recursos.

Bajo en el paraguas de la emergente economía colaborativa a la que cada día se suma más gente (3 de cada 10 españoles según el último Panel de Hogares de la CNMC), han nacido nuevas plataformas que persiguen el mero intercambio de los bienes para crear un valor en común. Esta forma de hacer negocios representa ya el 1,4% del PIB en España, cifra que según estima un estudio de la Fundación EY podría ascender al 2,9% en el año 2025.

  • Intercambio de casas

La tecnología ha posibilitado el despegue de muchas plataformas que cuestionan si el actual sistema de producción y consumo está empezando a agotarse. Knok es una de ellas. Gracias a este portal, unas 6.000 familias de todo el mundo intercambian sus casas para ahorrarse hasta un 90% en el alojamiento durante sus vacaciones. Juanjo y Laura son dos viajeros que, después de tener hijos, no quisieron renunciar a su pasión y crearon esta red de intercambio de casa para familias viajeras. "El intercambio de casa es fantástico, muy recomendable para familias, es una manera ideal para viajar con niños, tener más espacio y tener juguetes y la casa preparada para unos días en familia tranquilos", relata Laura Martínez.

Por menos de cien euros al año, puedes registrar tu casa y buscar la que más se ajusta a tus necesidades en el destino deseado (hay más de 10.000 en la red, desde grandes capitales hasta regiones con encanto). Además, incluye un seguro del hogar con una cobertura de hasta 120.000 euros.

Tal y como explican en su web: "Los intercambios de casa dentro de la red están basados en un sistema de confianza, 'Tú estás en mi casa mientras yo estoy en la tuya', lo que crea un nexo de unión fuerte entre ambas partes. El resultado es que los viajes con Knok son muy seguros y problemas con casas de miembros son muy poco habituales".

Otra opción son los house sitters o cuidadares de casas, personas que disfrutan de un alojamiento gratuito a cambio de cuidar de las mascotas o del jardín de ese hogar mientras los dueños están ausentes.

  • Billetes de tren y avión

Truecalia es otra nueva plataforma que ha formalizado lo que muchos usuarios ya hacían a través de grupos organizados en Facebook. El AVE es muy cómodo pero supone un gran desembolso si compras el billete de un día para otro. Por eso, muchas personas que viajan cada fin de semana compran sus billetes con la máxima antelación posible para así pagar los precios más asequibles. Esto conduce de una forma "muy frecuente" a que muchos pasajeros pidan intercambios de billetes "por imprevistos de última hora", explica el CEO de esta web, Francisco Fernández. "Intercambian por ejemplo un billete para la mañana por otro para la tarde", dice.

El portal cuenta con 150.000 usuarios y registra una media de 300 transacciones diarias, sobre todo de billetes de tren, si bien no son solo intercambios sino también compraventas. Fernández recalca que también se encuentran billetes de avión, una opción "muy nueva y casi desconocida, porque aunque sean nominativos el coste de cambiarlos de nombre compensa al pago del importe total". Esta web verifica los datos de contacto y pago de los usuarios, lo cual garantiza unas transacciones económicas, en el caso de las compraventas, seguras.

  • Bancos del tiempo

Según la web del Sistema de Intercambio en Comunidad (CES, por sus siglas en inglés), en España hay registradas 256 comunidades de intercambio, cifra que le sitúa en el primer puesto de su clasificación mundial, por delante de EE UU con 155. Estas comunidades son en su mayoría grupos de intercambio o bancos del tiempo. El Ayuntamiento de Madrid, como muchos otros, tiene siete en marcha con 249 socios que realizaron 975 intercambios en 2017 (710 más que en 2016). "Los más frecuentes son actividades de ocio, formación, arreglos y tareas de la casa y acompañamiento", señalan fuentes municipales.

El objetivo de estas iniciativas es "combatir el aislamiento y crear redes de apoyo y acercamiento personal que aumenten la autoconfianza de los vecinos", explica Carmen  Mormeneo, al cargo del proyecto en Madrid. El problema, reconoce, es que "a la gente le cuesta ser consciente de qué puede aportar y, por otra parte, llamar a alguien que no conoce para que, por ejemplo, le arregle el armario". Cada año, además, se celebra un "mercadillo de trueque", que es una actividad en la que los socios intercambian objetos.

  • Monedas sociales

En la localidad catalana Santa Coloma de Gramenet lanzaron a principios de 2017 la grama, una moneda social local que aceptan muchos comercios en los cuales se puede pagar a través de una app móvil. El consistorio ya concede subvenciones en esta divisa (1 grama = 1 euro) a los comercios y en un futuro próximo, los funcionarios podrán optar por cobrar hasta el 30% de su sueldo en gramas. El siguiente paso será su desembarco en el monedero de los ciudadanos.

Tal y como explica el profesor de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya, August Corrons, este tipo de proyecto "impulsan la economía local y tiene también beneficios sociales y medioambientales". Según los datos del Instituto de la Moneda Social, existen entre cinco y seis mil iniciativas de divisas "complementarias" —como prefiere denominarlas Corrons "porque no sustituyen a las monedas de curso oficial sino que llegan adonde estas no pueden"— y 370 en toda España, de las cuales el 26% se concentran en Cataluña.

Precisamente el gobierno de Ada Colau tiene en su agenda un proyecto de moneda social para promocionar el pequeño y mediano comercio local, iniciativa que el Banco de España calificó de "indeseable e imposible" y que la alcaldesa de Barcelona pretende poner en marcha en 2019 en toda la ciudad. Una promesa electoral que intenta emular al Bristol Pound, la moneda local de la ciudad inglesa, una de los referentes en cuanto a divisas sociales.

  • Bookcrossing o intercambio de libros

El bookcrossing surgió hace unos 15 años en EE UU y poco después llegó a España. Es una práctica que busca alargar la vida de los libros y "convertir el mundo en una gran biblioteca", explica David Maiz, el becero —como se autodenominan los bookcrossers— que gestiona la web y las redes sociales de la plataforma en España. Más conocido en esta comunidad como Ghazghkull, asegura que en España, hay unas 150 personas que intercambian libros de forma activa, aunque el número de lectores registrados asciende a los 5.000.

"A quienes nos gusta mucho leer acabamos acumulando gran cantidad de libros en las estanterías. Una alternativa es registrarlos en la red bookcrossing y liberarlos en un sitio de paso para que la persona que se lo encuentre continúe la cadena de lectura", indica Maiz. "Al mes se liberan entre 1.000-1.500 libros", añade, aunque del 80% no vuelven a saber nada. El paradero de un libro puede rastrearse a través de la misma web y mediante el código de identificación generado en el registro.

Esta comunidad de lectores organiza encuentros anuales "para salir del mundo virtual y vernos las caras" o bookrings, un intercambio entre personas de confianza con intereses comunes. En ocasiones especiales también realizan "liberaciones masivas, en las que depositamos entre mil y dos mil libros en un mismo punto". En su web también recopilan en un listado las zonas oficiales para dejar y coger libros que se intercambian en la red, como por ejemplo bibliotecas municipales, centros sociales o bares y restaurantes.

  • Préstamos de objetos entre vecinos

Lendi nace hace un par de años a través de un grupo de Whatsapp en el que vecinos del barrio de Gràcia de Barcelona se prestaban objetos que necesitaban para un momento concreto. Hoy en día, su web cuenta con unos mil usuarios —la mayoría de Barcelona, aunque también de Reus, Girona y Massanassa (Valencia)— que han realizado otros tantos préstamos y una app móvil que ya ha registrado 400 descargas. Javier Velasco es el joven que hay detrás de esta plataforma: "Surgió para dar solución a un problema personal. He vivido en muchas casas de muchas ciudades diferentes y cada vez necesitaba cosas que no quería comprar ni acumular".

El tipo de artículos que se prestan e intercambian "es muy variado y estacional". Este invierno, por ejemplo, "se pide ropa de esquiar, mantas eléctricas, herramientas, disfraces...", detalla Velasco. En todo este tiempo, su fundador no tiene constancia de ninguna mala experiencia entre los usuarios. "La gente es buena por naturaleza y Lendi es prueba de ello. Creo que algún día habrá algún caso en el que no se devuelva lo prestado pero lo importante es que sea la excepción".

El objetivo de esta iniciativa es, en palabras de Velasco, "impactar en la forma que tenemos de consumir y relacionarnos con los vecinos, y así medir nuestra felicidad por la calidad de nuestras relaciones humanas, y no por la cantidad de nuestras posesiones".