Sonido, día ventoso, hojas, 1992. Lee Chul Soo
Sonido, día ventoso, hojas 42x50 cm. 1992. Obra de Lee Chul Soo que puede verse hasta el 23 de febrero en el Centro Cultural Coreano de Madrid. LEE CHUL SOO

"Budismo y folclore, el valor del trabajo, así como la relación cercana existente entre la naturaleza y el hombre, son los conceptos básicos detrás de la creación de estos grabados". Así define el Centro Cultural Coreano el trabajo de Lee Chul Soo, protagonista de la exposición Vuelan pájaros, que podrá verse en su sede madrileña hasta el próximo 23 de febrero.

La colección que da forma a esta muestra está compuesta por 37 grabados en madera e impresos en papel a mano, realizados entre 1990 y 2017. En ellos, el menos es más: priman las líneas simples, el minimalismo, los puntos y poemas escritos en las ilustraciones. "Todos ellos ofrecen una aproximación a la cultura popular coreana basándose en sus propias observaciones e inspirándose en las enseñanzas budistas para reflejar la actual situación política y social de Corea del Sur", añaden desde el centro.

A pesar de ser uno de los artistas más destacados de Corea y de haber expuesto en diversos países europeos y también en Estados Unidos, Lee vive totalmente alejado de la vorágine y los circuitos artísticos. Se mudó con su familia al campo en 1987 y allí compagina sus creaciones artísticas con el trabajo de agricultor.

"Según él la conciencia de las estaciones, la belleza de las flores y la promesa de una nueva vida que fluye en las semillas, solo pueden ser apreciadas por un trabajador que labra la tierra. De hecho, la exposición recrea la vida de Lee, la cual a su vez representa nuestra propia vida y el instante en que se hace una pausa para reflexionar obre ella".

La vocación de este artista nació en la década de los 80. De formación autodidacta se vinculó pronto al Minjung, un movimiento de pintura popular cuyo objetivo era expresar una crítica social a la dictadura y la americanización a través del arte tras la masacre de Gwangju que tuvo lugar en 1980.

Sus obras representan generalmente a los campesinos y labradores que trabajan en contacto con la naturaleza y se inspiran también en las enseñanzas budistas del Zen, sobre todo en las del maestro Baizhang Huaihai (720-814), que defendía el trabajo del campo como modo de vida y realización.