A ellos ya les sonrió la fortuna
Rafael Urbano posa orgulloso junto al décimo premiado. (Kako Rangel)

Una casa, un coche, un viaje de ensueño... A la mayoría de los premiados con el gordo de Navidad no les da para retirarse, pero todos admiten que ayudar, ayuda. Rafael Urbano, el propietario del restaurante El Ventorrillo Canario, en la localidad sevillana de Santiponce, fue uno de los agraciados con el primer premio del sorteo de Navidad del año pasado. Ganó 300.000 euros y, aunque a sus 38 años sigue yendo a trabajar cada día, admite que el dinero le mejoró mucho la vida. «Ahora me levanto desahogado, ya no va uno con la soga al cuello», explica. Además de «tapar agujerillos», Urbano compró una casa, en la que ahora vive con su familia, y un Mercedes. Este año volverá a jugar, a ver si tiene la misma suerte.

A Luisa Rheues, valenciana de 74, le tocó menos dinero que a Rafael, 120.000 euros, pero fue suficiente para hacer realidad su sueño: recorrer Italia con su marido. «Esto no me puede haber pasado a mí», dice que pensó aquel día de 2003. Además de ayudarle a tener una jubilación tranquila, le dio dinero a sus hijos y realizó reformas en casa. «El premio me hizo tener sonrisas que no se olvidan nunca», cuenta.

Juan Antonio Herrera, panadero del pueblo jienense Beas de Segura, estaba haciendo el reparto cuando se enteró por la radio de que le había tocado el gordo. Fueron 400.000 euros, con los que se compró «una casa en el pueblo y un deportivo; sigo trabajando en el negocio familiar, pero eso sí, mucho más contento». 

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