En una época en la que el CGI (las imágenes generadas por ordenador) es la norma en las películas animadas mientras que la animación tradicional ha encontrado nuevos rumbos en la televisión, el cineasta británico Nick Park, creador de los entrañables Wallace y Gromit y director de filmes como Chicken Run y La oveja Shaun, sigue aferrado a la tradicional técnica del stop motion, popularizada por filmes como Pesadilla antes de Navidad y que consiste en aparentar el movimiento mediante la sucesión de imágenes de objetos estáticos que se cambián de posición para cada toma.

"No me veo haciendo otra cosa, me siento muy a gusto con el stop motion. Hay grandes películas de imágenes generadas por ordenador, pero creo que hay otros que lo hacen mejor que yo. Como medio no me atrae", explicó Park a 20minutos en su reciente visita a Madrid. "Además, hay muchísimas películas CGI. Esta técnica nos ayuda a destacar un poco en el mercado".

Park ha vuelto a demostrar su arte con esta técnica en su último trabajo, Cavernícola (ya en cines), una comedia en la que Dug, miembro de una tribu de la Edad de Piedra, que asume el reto de defender el hogar de los suyos ante la invasión de los avanzados hombres de la Edad de Bronce. Sin embargo, el enfrentamiento, en vez de derivar en una guerra violenta, se resuelve a través de un enfrentamiento futbolístico.

"Me gustaba mucho la idea de una película sobre los cavernícolas, pero quería que fuese algo distinto, no solo una aventura. Ahí vino lo del deporte, la idea de que el hombre de la Edad de Piedra inventara el fútbol, un juego con esa fuerza para civilizar a la gente, y además con elementos de comedia", explica Park.

Le apetecía crear a "un grupo de brutotes simples pero amables que tienen que luchar, pero sin palos ni armas, sin tener que utilizar los puños". "El fútbol me gusta por lo que tiene de tribal y también porque es una manera de canalizar las agresiones dentro de un juego", cuenta el cineasta, quien sin embargo jamás ha sentido demasiado interés por este deporte.

"No soy muy futbolero. No crecí en una familia de hinchas de fútbol y nunca he ido a un partido. Lo he visto en la tele y sí me emocionan un poco los mundiales, los grandes partidos, pero no, no soy un gran aficionado", realata. Para compensar eso, reconoce que ha tenido ayuda de sobra, ya que el equipo estaba repleto de amantes del fútbol. "Me decían: 'mira, una vez, Ronaldo hizo esta jugada', 'eso no se podría hacer en el fútbol', 'eso sería falta'... Cosas de esas".

Cavernícola es una mezcla de aventura y humor, una comicidad que nace de varios elementos. "La comedia de brocha gorda, física, tiene un atractivo muy universal. En segundo lugar, que haya personajes exagerados pero verosímiles", afirma. "Homero, el autor griego, dijo que si es gracioso es que hay algo de verdadero... y creo que Homer Simpson también lo dijo. Y yo creo que hay algo clave ahí. Es decir, debe reconocerse algo de verdad por muy caricaturesco que sea algo".

Nick Park, que cree que la arcilla también es una gran herramienta para hacer humor, sobre todo a la hora de construir la expresividad de los personajes, asegura que no hace películas para niños. "Hacemos películas para nosotros mismos, siguiendo un poco nuestro instinto, lo que nos parece divertido".

"Saco mucha inspiración de cosas que recuerdo como niño, lo que me divertía, lo que me asustaba, y eso lo coloco en las películas, pero también lo hago para mí mismo como adulto, qué me va a divertir y a entretener ahora. No pensamos en un grupo demográfico preciso, aunque sí se pueden hacer ajustes si hay algo demasiado oscuro para los niños", explica el director.

Aunque Park reconoce que la animación pasa un buen momento y se ha convertido en una salida profesional seria para la que hay mercado, cree que empieza a haber "muchísima monotonía, muchísimas similitudes en todo". "Es algo que tenemos que vigilar. Todo es muy formulaico. Hay una manera, un modo de hacer, de diseñar, un look que se supone que es el look. Así que supongo que es el trabajo de cada uno seguir retando al statu quo", asevera el cineasta, que se reconoce discípulo de Harryhausen (especialmente de la película Hace un millón de años).

Muchas décadas después de los grandes trabajos del conocido maestro de los efectos especiales, el propio Park se ha convertido en un icon tan emblemático como su ídolo.