Empezaron siendo unas pocas mujeres unidas para arropar a una compañera que denunció haber sufrido una agresión sexual por parte de su mentor en una residencia artística en la ciudad de Alicante. Pero en tan solo unos pocos meses, el grupo La Caja de Pandora ha conseguido aglutinar a más de 3.000 mujeres, todas vinculadas al arte y la cultura artistas plásticas, comisarias o escritoras, para denunciar los abusos sexuales y laborales que sufren en su sector.

Por imitación ya se las conoce, aunque ellas se unieran antes, como el #MeToo español.

"Somos feministas, antirracistas, anticapacitistas e inclusivas con todas las diversidades. Organizadas y en lucha por un contexto libre de violencias machistas y abusos de poder". Así da comienzo el comunicado que este lunes leyó una portavoz del colectivo en la escalinata de la plaza del Museo Reina Sofía de Madrid en un acto breve que simbolizó su presentación en sociedad.

El mismo escrito explicaba que el grupo se constituyó en julio "como plataforma de apoyo y cuidados" a la artista Carmen Tomé, quien había interpuesto una denuncia contra José Javier Barba Sánchez, conocido en el mundo del arte como Javier Duero, por abusos sexuales. A raíz de ese caso empiezan a compartir "situaciones de agresión, opresión, coacción e invisibilización que dibujan la forma de funcionar sistémica y estructural" en el sector de la cultura.

Una participante casi desde los inicios recuerda que para entrar en el grupo al principio debías recibir una invitación de una amiga, de ahí que casi todas tengan que ver con el entorno artístico. La forma de entrar, cuenta, era hacer una especie de juramento comprometiéndote a no desvelar lo que se contara en el grupo. Ahí las mujeres, unas 30 o 40 en los inicios, empezaron a volcar experiencias de abusos sexuales sufridas. Desde la sensibilidad máxima y el cuidado mutuo, las participantes empezaron a denunciar "el mamoneo brutal que se da en muchos sectores, pero más si cabe en el entorno artístico, donde te hacen luz de gas si intentas denunciar abusos. Con decir que te los has inventado o que todo se trataba de una exploración artística, ya te invalidan", explica esta fuente.

Con su presentación en sociedad, el grupo de Las Pandoras aspira a seguir sumando mujeres a la causa de visibilizar a todas las víctimas de abusos "que ha habido y que desgraciadamente hay".

Ellas explicaron que el abuso sufrido por Tomé en el contexto del programa de Residencias A Quemarropa en Alicante supuso una triple agresión e indefensión. "En primer lugar, por ser él un hombre y ella una mujer en una sociedad marcada por la desigualdad", "en segundo lugar, porque él ejercía una figura de autoridad estando contratado para ofrecer formación en la residencia artística en la que ella había sido seleccionada" y, en tercer lugar, "por tener él una posición privilegiada, puesto que representa una figura de poder dentro del mundo del arte, ejerciendo como comisario, docente, gestor y mediador cultural".

Las Pandoras confían en que el apoyo mutuo deje de callar las agresiones como se venía haciendo por el temor a que su palabra "no sea escuchada, sea descalificada, menospreciada y tachada de falsedad", quedando ellas "personal y profesionalmente expuestas". En muchas ocasiones ocurre, dicen, que las "presiones" a las que se ven sometidas y "las puertas que se cierran" las obligan incluso a llegar a retirar denuncias.

Judicialmente, además, "las agresiones cometidas en un ámbito privado suelen archivarse por la dificultad que existe para que la víctima, en este caso superviviente, acredite con pruebas la agresión que ha sufrido. Dejándole a ella en una situación imposible, ya que será su palabra contra la de su agresor". "Este tipo de agresiones y/o abusos se realizan con normalidad en todas las situaciones de la vida, y en nuestro sector del arte y la cultura de una forma muy específica. La mala praxis y los acuerdos tan laxos a los que nos vemos sometidas, generan que las mujeres en el arte estemos constantemente expuestas a ciertas agresiones absolutamente normalizadas e interiorizadas".

Según La Caja de Pandora, "las instituciones se hacen cómplices y formulan una estructura que permite que estas formas de violencia se perpetúen, sin que se reconozca lo sucedido ni se posibiliten las formas de transformar la realidad". Por ello les exigen "que establezcan los protocolos, pactos y consensos necesarios para salvaguardar la vida y facilitar que esta pueda desarrollarse con dignidad y libertad, haciendo frente a la violencia machista".

El colectivo funciona como un espacio de "sororidad", de hermanamiento entre mujeres, "para darnos el calor y la cercanía que nos han querido arrebatar". "Nos posicionamos unas junto a las otras, formulando un grupo heterogéneo y comunitario, para tejer unas redes que nos recuerden que no estamos solas".

Actualmente en el grupo se siguen compartiendo experiencias y testimonios. "Estamos creando nuestra propia organización interna para construir recursos pedagógicos, jurídicos, afectivos y preventivos", dicen en su comunicado.

Al Silencio, Escenarios from Carmen on Vimeo.