Isabel García Tejerina
La ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, en el ministerio. JORGE PARÍS

Isabel García Tejerina atiende a este diario tras una visita a Asturias, el último viaje en el que ha acompañado a Felipe VI. "Recibió una formación tremendamente completa y está a la altura de las mejores expectativas", responde cuando se le pregunta sobre su figura. "Lo que más me impresiona cuando viajo con él es cómo se prepara los temas. Yo también soy muy meticulosa, no hay que dejar las cosas a la improvisación, y el rey tiene una gran capacidad", cuenta, tan solo una semana antes de que el jefe del Estado cumpla los 50. Ella lo hará en la segunda mitad del año, concretamente el 9 de octubre.

Esta vallisoletana es titular de la cartera de Agricultura desde abril de 2014, pocas semanas antes del anuncio de abdicación de Juan Carlos I y la posterior proclamación de su hijo como monarca. Estudió Ingeniería Agrónoma —y después Derecho— impulsada por el amor al medio rural que le inculcó su madre, pero no imaginó que el medio siglo lo cumpliría al frente de un ministerio. "Nunca quise ser ministra. No lo busqué", reconoce. "Lo que sí tengo es mucha vocación de España. Pienso que es la suma de millones de actitudes y que todos podemos ayudar a construir un país mejor. Estudié la carrera con el objetivo de llevar oportunidades a todo el territorio y como ministra de Agricultura tengo la enorme oportunidad de trabajar en esa dirección con una capacidad de decidir muy importante", explica.

Este cumpleaños, para ella "uno más", la va a pillar por tanto en un puesto que hace años no imaginaba que desempeñaría y en una "extraordinaria forma mental y física", algo que atribuye a haber hecho mucho deporte: gimnasia rítmica, tenis, esquí o incluso rugby durante su época universitaria. "Sabía las reglas porque en Valladolid estuve saliendo con un chico que jugaba al rugby. Cuando llegué a Madrid, la hermana de una amiga que estudiaba Industriales me propuso entrar en el equipo porque necesitaban chicas", relata. "Jugué unos pocos partidos pero lo dejé porque había visto a jugadores salir con varios puntos de sutura en la cara e iba con cierto miedo. No sé cómo se lo habría explicado a mi madre si hubiese vuelto a casa con la cara cosida", agrega entre risas.

"Una España mejor" para sus sobrinos

En estas cinco décadas son muchos los cambios que la sociedad española ha experimentado. García Tejerina destacaría dos, en los que no duda que hay que continuar avanzando: la situación de la mujer y la conciencia medioambiental. "Hay que seguir mejorando en las condiciones pero hoy las mujeres encontramos parte de nuestro desarrollo personal en la vida profesional", apunta sobre lo primero. "Antes no conocíamos los efectos de la actividad económica sobre el medioambiente pero ahora sí. Los niños son más conscientes y es muy positivo", resalta sobre lo segundo. "Tengo sobrinos aficionados a los coches. Lo saben todo y no solo te hablan de la aceleración sino también de lo que contaminan. Eso era impensable cuando mis hermanos jugaban", compara.

Su objetivo es "aprovechar al máximo" la oportunidad de estar en primera línea política y poder dejar a esos sobrinos "una España mejor". Es lo que considera que hicieron sus padres, y también sus abuelos. Se ve miembro de una generación que contribuyó a que el país sea hoy como es pero cree que sería injusto atribuirse el mérito de haber roto todas las barreras: "Nosotros no trajimos la Transición, la vivimos. Es el momento de poner medallas a quienes nos han permitido vivir en una democracia y en un estado de bienestar. Es un país que mi generación ha ayudado a construir pero heredamos unas posibilidades de seguir construyendo sobre lo construido".

Una educación austera

Procedente de una familia acomodada, la mediana de cinco hermanos, agradece mucho a sus padres que, pese a no vivir con dificultades, les inculcasen el valor del esfuerzo, les enseñasen a agradecer y disfrutar cada logro, a aceptar un no por respuesta y a gestionar las frustraciones. "Siempre pongo el ejemplo de que cuando nos llevaban al cine no nos compraban chocolatinas. En aquella época no había palomitas. Se lo podían permitir pero nos querían transmitir que en la vida no siempre se puede tener todo y que no necesitas tenerlo todo para disfrutar", recuerda.

Conocedora de la dificultad, uno de sus mayores deseos sería despertar esa misma actitud en quienes vienen detrás: "La vida requiere un esfuerzo pero eso no es malo. Tiene una recompensa y las recompensas trabajadas tenemos que aprender a disfrutarlas".